La Xunta reconoce que los bingos gallegos aún no han recuperado los niveles prepandemia
El sector del bingo en Galicia sigue sin alcanzar las cifras de negocio que registraba antes de la pandemia. Así lo reconoce la propia Xunta en un informe oficial, según ha adelantado Praza.gal, un dato que evidencia la lenta recuperación de una actividad de ocio que, pese a su arraigo, no ha logrado remontar el vuelo en un contexto de cambios en los hábitos de consumo y de competencia con otras ofertas de juego.

Un sector que no levanta cabeza
La Xunta de Galicia ha admitido, en un documento oficial recogido por Praza.gal, que los bingos gallegos no han recuperado los niveles de actividad previos a la COVID-19. La afirmación, contenida en un informe del Gobierno autonómico, pone negro sobre blanco la situación de un sector que arrastra más de cuatro años de dificultades.
El dato no es menor: Galicia concentra una parte relevante del parque de bingos del Estado, con establecimientos repartidos por las principales ciudades y villas. La pandemia golpeó con dureza a estas salas, obligadas a cerrar durante meses y a operar después con restricciones de aforo que redujeron drásticamente su facturación.
El reconocimiento oficial contrasta con las expectativas de recuperación que se manejaron en los primeros momentos de la crisis sanitaria, cuando se confiaba en un rápido rebote del consumo de ocio. La realidad, sin embargo, ha sido otra: la recuperación ha sido lenta y desigual, y el sector no ha logrado volver a las cifras prepandémicas.
Un modelo de negocio en cuestión
El informe de la Xunta no detalla las causas de esta recuperación incompleta, pero el contexto apunta a varios factores que han ido erosionando el modelo tradicional del bingo. Por un lado, la competencia de otras modalidades de juego, especialmente el online, que ha captado a una parte del público que antes acudía a las salas físicas. Por otro, el envejecimiento de la clientela habitual, que no se ha visto compensado con la llegada de nuevos jugadores más jóvenes.
Tampoco hay que desdeñar el impacto de la inflación en el gasto discrecional de los hogares. En un entorno de precios al alza, el ocio y el juego presencial suelen ser de las primeras partidas que se recortan. Las salas de bingo, además, tienen unos costes fijos elevados —personal, mantenimiento, alquileres— que no se ajustan con la misma rapidez que cae la demanda.
El sector lleva años reclamando medidas de apoyo y una modernización normativa que le permita competir en igualdad de condiciones con el juego online. La admisión por parte de la administración autonómica de que la recuperación no se ha completado da la razón, en parte, a esas reclamaciones, aunque de momento no se ha anunciado ninguna medida concreta.
Un caso más de la fragilidad del ocio presencial
La situación de los bingos gallegos no es un caso aislado. Otros sectores del ocio presencial, como la hostelería o el cine, también han visto modificados sus patrones de consumo tras la pandemia. Sin embargo, el bingo presenta particularidades que lo hacen especialmente vulnerable: una base de clientes envejecida, una oferta que apenas ha evolucionado y una competencia digital que no deja de crecer.
El reconocimiento de la Xunta abre la puerta a un debate más amplio sobre el futuro de estas salas, que emplean a cientos de trabajadores en Galicia. La pérdida de actividad no solo afecta a los empresarios, sino también a las plantillas, que ven reducirse sus horas o puestos de trabajo en un sector ya de por sí precarizado.
La administración autonómica tiene la llave para impulsar una reordenación del sector, ya sea mediante ayudas a la modernización, incentivos a la reconversión de espacios o una regulación que equipare las condiciones con el juego online. De momento, el informe no avanza en esa dirección, pero el hecho de que se reconozca oficialmente el problema es, cuando menos, un primer paso.



