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Die Linke gana en Berlín con la expropiación de grandes tenedores como programa estrella

Die Linke se ha impuesto en las elecciones municipales de Berlín con un programa que sitúa la expropiación de las grandes inmobiliarias en el centro de la agenda. El partido, liderado por Elif Eralp, obtiene el 25,7% de los votos, su mejor resultado desde la reunificación, en una ciudad donde ocho de cada diez hogares viven de alquiler y donde la diferencia entre los contratos nuevos y los antiguos supera el 118%.

Fotografía que ilustra la noticia: Die Linke gana en Berlín con la expropiación de grandes tenedores como programa estrella
(lamarea.com)

La brecha del alquiler en Berlín: los nuevos contratos pagan el doble

El problema de la vivienda en Berlín se ha convertido en el eje de la campaña electoral. Según el informe de mercado de vivienda del IBB, el Banco de Inversión de Berlín, quien firmó un contrato en 2024 pagaba de media 15,40 euros por metro cuadrado, mientras que los contratos vigentes estaban en 7,20 euros. Es decir, los nuevos inquilinos pagaban aproximadamente el doble que los que ya tenían contrato, una diferencia del 118% que no se da en ninguna otra gran ciudad alemana.

En 2025 la brecha se mantuvo: la renta de oferta más que doblaba la de referencia, situada en 7,21 euros por metro cuadrado, alrededor de un 119% más. Esta diferencia empuja a muchos inquilinos a evitar mudarse y, cuando necesitan hacerlo, se enfrentan a precios que pueden expulsarlos hacia zonas periféricas o incluso fuera de la ciudad.

La situación explica que en septiembre de 2021 el 59,1% de los votos válidos emitidos en Berlín respaldara en referéndum la expropiación de viviendas de empresas privadas con más de 3.000 pisos. El Senado de entonces, formado por socialdemócratas, verdes y la propia Die Linke, remitió el resultado a una comisión de expertos que en 2023 concluyó por mayoría que la medida podía ser jurídicamente viable.

De los topes de precios a la expropiación

El resultado del referéndum, sin embargo, no llegó a hacerse efectivo. En marzo de 2026, la coalición de CDU y SPD aprobó una ley marco que establece las condiciones generales para futuras operaciones de socialización, pero que tampoco supone la transferencia de las viviendas y que, además, no entrará en vigor hasta 2028.

Antes, en 2020, el Senado había aprobado el Mietendeckel, un tope de alquileres que el Constitucional de Karlsruhe tumbó un año después. El tribunal consideró que el Land carecía de competencia legislativa para regular los alquileres privados, una materia ya regulada de forma exhaustiva por la legislación federal.

De ahí que el programa de Eralp deje de pelearse con los precios y vaya directamente a por el propietario. Las aproximadamente 220.000 viviendas que Die Linke ha planteado incorporar al sector público ya existen y ya están habitadas. Son las carteras de las grandes sociedades inmobiliarias que superan los 3.000 pisos en la ciudad, con Vonovia y su filial Deutsche Wohnen a la cabeza.

La idea sería que una entidad pública pidiera el crédito, adquiriera las viviendas mediante una indemnización y pasara a ejercer de casera. Si la operación llegara a completarse, el parque de vivienda pública pasaría a representar más del 30% del parque residencial de Berlín, ampliando considerablemente la capacidad de la ciudad para intervenir en el mercado del alquiler.

El auge de la extrema derecha y la respuesta desde las ciudades

La victoria de Die Linke en Berlín contrasta con los resultados de la ultraderecha en otros länder. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el AfD se quedó con el 38,2% de los votos, más del doble que en 2021. Quince días antes había firmado en Sajonia-Anhalt un 43,8%, el mejor resultado de cualquier partido en ese Land desde la reunificación, y se había quedado a las puertas de la mayoría absoluta de escaños.

La participación en Mecklemburgo-Pomerania Occidental fue del 78,1%, 7,3 puntos más que en 2021, lo que desmonta el viejo consuelo de la abstención. Las victorias recientes de la AfD se alimentan de un miedo muy material –el alquiler que se come el sueldo, la factura de la luz, el barrio que expulsa a los vecinos de siempre– y lo desvían hacia el inmigrante.

Eralp orienta ese mismo miedo en otra dirección, la del casero con nombre propio: multimillonario, cotizado en bolsa, con una junta de accionistas que reparte dividendos. Y al hacerlo ocupa el espacio que había ocupado la socialdemocracia en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El enemigo deja de ser el vecino de la otra escalera para convertirse en quien le sube el alquiler a toda la escalera.

Aunque la victoria de la izquierda berlinesa es real, el antídoto solo se está mostrando eficaz en las grandes urbes: la AfD sumó en Berlín 7,2 puntos, hasta el 16,3%, y en los barrios del Este mantiene una presencia especialmente fuerte. Lo que ha hecho Die Linke es disputarle a una parte de ese malestar la dirección de la rabia.

La crisis de los grandes partidos y la gobernabilidad

La CDU, que lleva desde enero de 2025 endureciendo su discurso sobre inmigración con propuestas de protección de fronteras, deportaciones y una política de asilo más restrictiva, ha encadenado tres derrotas en 15 días. En Sajonia-Anhalt tocó mínimo histórico con un 17,2%. En Berlín perdió el primer puesto, y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental obtuvo un 4,9% y, por primera vez desde la fundación de la República Federal, quedó fuera de un parlamento regional.

La apuesta de la democracia cristiana no le ha devuelto votantes: solo ha servido para legitimar el marco del original. Por la derecha se la come un partido que en Sajonia-Anhalt y en Mecklemburgo ya la dobla con creces. Los dos grandes Volksparteien del consenso de posguerra, la CDU y el SPD, no suman juntos ni el 31% en la capital. El SPD, uno de los partidos socialdemócratas más antiguos de Europa, obtuvo en Berlín su peor resultado histórico, un 12,1%.

La cuestión ahora es cómo se forma gobierno. La CDU no quiere pactar con Die Linke, mientras ningún otro partido representado en el Parlamento berlinés quiere actualmente formar una coalición con la AfD. La llave la tienen verdes y socialdemócratas. Los verdes ya se habían mostrado abiertos a un tripartito de izquierdas, pero Steffen Krach, el candidato socialdemócrata, no quiso hablar de coaliciones la noche electoral y se limitó a admitir la magnitud de la derrota. La duda es si el SPD se atreverá a sostener ese tripartito.