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El negocio de la desconexión digital crece en España: apps y móviles minimalistas para combatir el exceso de pantalla

La preocupación por el tiempo frente a la pantalla ha pasado del ámbito familiar a un problema transversal que afecta a trabajadores y adultos. Y ha dado lugar a un sector empresarial en auge: aplicaciones que bloquean redes sociales y teléfonos 'tontos' diseñados para que su uso sea menos atractivo.

Fotografía que ilustra la noticia: El negocio de la desconexión digital crece en España: apps y móviles minimalistas para combatir el exceso de pantalla
(elDiario.es)

Un mercado que crece al calor de la desconexión laboral

Los españoles pasan de media más de cinco horas al día conectados a internet desde cualquier dispositivo, según el informe Digital 2025 elaborado por We Are Social y Meltwater, y el smartphone concentra buena parte de ese consumo. La preocupación por el tiempo de pantalla ya no es solo cosa de adolescentes, sino que se ha convertido en un problema extendido entre estudiantes, trabajadores y adultos que quieren recuperar su capacidad de concentración.

El mercado ha respondido con rapidez. Según el Estudio de Bienestar y Salud Laboral en España 2026, elaborado por Edenred, más del 80% de los españoles son incapaces de desconectar del trabajo y uno de cada cinco sigue conectado incluso en vacaciones. La falta de desconexión ha crecido 16,6 puntos respecto al año anterior, cuando se situaba en el 65%.

Aplicaciones como Opal, Forest o One Sec prometen ayudar a resistir la tentación de abrir Instagram o TikTok, y también han surgido smartphones diseñados específicamente para ser menos atractivos que un móvil convencional. La paradoja es evidente: combatir la tecnología con más tecnología.

La apuesta por la responsabilidad social y los móviles minimalistas

Dani Martínez, fundador de Phoneless, una aplicación española que busca reducir el uso del teléfono a través de dinámicas sociales, explica que ahora que existe más visibilidad sobre el tiempo de uso, hay mucha más gente preocupada por reducirlo, y por eso hay espacio para este tipo de aplicaciones. Martínez considera que la mayoría de las apps existentes plantean una batalla individual entre el usuario y el móvil que suele acabar perdiendo el primero, y propone convertir la desconexión en una actividad colectiva: los usuarios pueden compartir su tiempo de pantalla con amigos, crear retos conjuntos o establecer rankings.

En el terreno de los dispositivos, Balance Phone comercializa smartphones basados en Samsung modificados con un sistema operativo propio que bloquea automáticamente redes sociales, juegos, apuestas, pornografía o plataformas de streaming. Según datos de la compañía, supera los 11.000 usuarios en más de 50 países y más de dos millones de horas de pantalla ahorradas. Albert, fundador y CEO, asegura que el mercado se ha expandido significativamente y que ahora hay perfiles muy variados, desde personas interesadas en su salud digital hasta familias que lo regalan a sus hijos como primer móvil.

¿Adicción o uso problemático? El debate clínico

No todos los expertos consideran adecuado hablar de adicción al móvil en términos clínicos. Javier Feliz, director de operaciones y psicólogo criminalista del programa terapéutico Desconect@, especializado en adolescentes con uso problemático de las nuevas tecnologías, insiste en que el tiempo de pantalla, por sí solo, no permite determinar si existe un problema: no es cuestión de medir cuántas horas utiliza una persona el móvil, sino qué consecuencias tiene ese uso. En su práctica clínica analizan factores como la pérdida de control, la ansiedad, el abandono de actividades sociales o deportivas, o los síntomas de abstinencia.

La escritora y activista Marta G. Franco, autora de Las redes son nuestras, recuerda que ni siquiera existe unanimidad científica sobre el concepto de adicción al móvil, aunque sabe que las aplicaciones están diseñadas para que pasemos el máximo tiempo posible en ellas. Franco advierte que muchas de estas soluciones siguen operando dentro del mismo ecosistema digital que pretenden combatir, poniendo "un parche encima".

Los expertos coinciden en que las barreras tecnológicas pueden ser un buen punto de partida, pero no pueden sustituir el aprendizaje del autocontrol. Albert, desde Balance Phone, reconoce que el éxito de este mercado es inseparable del diseño adictivo de las plataformas digitales: "Las grandes tecnológicas no se preocupan por el bienestar de los consumidores. Su modelo de negocio depende precisamente de captar nuestra atención".