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La IA de código abierto amenaza el software propietario y a la propia Anthropic, según Breakingviews

La inteligencia artificial generativa está llevando a la industria del software a un punto de inflexión comparable al que vivió la música con Napster: los modelos de frontera son capaces de descompilar y clonar programas de código cerrado, lo que amenaza con convertir en gratuito el software propietario y poner en jaque a las grandes empresas tecnológicas. El análisis, firmado por Felix Martin para Reuters Breakingviews, señala que la propia Anthropic, cuya salida a bolsa está en el centro de la atención, podría acabar siendo víctima de esta revolución.

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(Cinco Días)

El 'SaaSpocalipsis' y la nueva capacidad de clonación

El artículo recuerda que, desde principios de 2025, el lanzamiento de Operator de OpenAI y de Claude Code de Anthropic permitió a personas sin conocimientos técnicos crear programas con instrucciones en lenguaje natural. Ese fenómeno, bautizado como 'vibe coding', ya hundió las acciones de las empresas de software como servicio (SaaS) en lo que se conoció como 'SaaSpocalipsis'.

Pero ahora, los modelos de frontera van más allá: son capaces de descompilar, aplicar ingeniería inversa y clonar casi cualquier programa existente. Asha Sharma, CEO de la división de videojuegos Xbox de Microsoft, lo ha constatado en una nota a su plantilla: “En las últimas semanas, hemos visto juegos descompilados y reconstruidos rápidamente para que funcionen en dispositivos para los que nunca fueron diseñados”, escribió, añadiendo que “muchos de los mayores juegos del mundo se han remezclado dentro del código fuente de otros”.

Esta capacidad, según el análisis, plantea un escenario de pesadilla en el que todo el código se convierta en abierto, voluntariamente o no, mucho antes de lo previsto. Si la IA convierte el software propietario en un bien no excluible, casi todos los modelos de negocio tecnológicos saltarán por los aires, advierte el autor.

La lección de la industria musical: de Napster a Spotify

Para afrontar el caos que se avecina, el análisis recurre al manual de la industria musical. Tras la invención del MP3 en 1995 y el lanzamiento de Napster en 1999, la piratería masiva hizo parecer que nadie volvería a pagar por la música grabada. Los litigios por derechos de autor llevaron a Napster a la quiebra en 2001, pero la industria tuvo que reestructurarse radicalmente: discográficas como EMI y PolyGram desaparecieron y surgieron plataformas como Spotify y YouTube.

La primera lección es que es difícil predecir dónde se concentrará el valor sostenible. Los inversores que apostaron por Napster perdieron su dinero, y el modelo de iTunes de Apple acabó en un callejón sin salida. Tuvieron que pasar diez años para que el streaming por suscripción se consolidara. La conclusión es que los inversores no deben apostar por una estrategia concreta.

La segunda lección se refiere al destino de la empresa en el centro de la disrupción. Napster se hundió por las demandas. Anthropic afronta un tsunami judicial similar: aunque hasta ahora ha asumido responsabilidades limitadas en casos de derechos de autor, si los tribunales deciden que clonar software de código cerrado vulnera la propiedad intelectual, las sanciones podrían ser varios órdenes de magnitud mayores.

La paradoja de Anthropic: verdugo y víctima

El análisis subraya un aspecto en el que la posición de Anthropic es más precaria que la de Napster. La transmisión de archivos musicales digitales era una tecnología diseñada para que Napster la usara contra los operadores tradicionales. En cambio, nada impide que otros dirijan los modelos de IA contra los propios laboratorios de frontera. Las firmas chinas ya están aplicando ingeniería inversa a los modelos estadounidenses y publicando versiones de código abierto.

Christian Catalini, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), lo resume con ironía: “La frontera cerrada y excluible que entusiasma a los inversores de las OPV no deja de reaparecer como una descarga gratuita”.

El artículo concluye recordando la famosa frase de Marc Andreessen de hace 15 años, según la cual “el software se está comiendo el mundo”. Ahora, los inversores que estudian la OPV de Anthropic deben valorar el riesgo de que “la propia empresa de IA acabe formando parte del menú”. El folleto de la OPV ya advierte de que los modelos pueden plantear riesgos catastróficos, pero antes de descontar ese escenario, hay peligros más inmediatos: la IA está trastocando el régimen de propiedad intelectual en el que se sustenta todo el software.