Landaburu: “Lo llamamos polarización. No. Es fascismo que arremete”
María José Landaburu, en declaraciones recogidas por infoLibre en un artículo de Antonio Contreras, rechaza que la situación política actual pueda describirse como una mera polarización. “Lo llamamos polarización. No. Es fascismo que arremete”, asegura. La frase condensa un debate recurrente sobre cómo nombrar ciertos fenómenos políticos.

La distinción entre polarización y fascismo
La polarización designa un estado de división en dos polos, a menudo presentados como equivalentes. El fascismo, por el contrario, remite a un movimiento autoritario que no se limita a dividir, sino que ataca las bases de la democracia. Al corregirse, Landaburu no matiza el diagnóstico, sino que lo invierte: no estamos ante un juego de fuerzas simétricas, sino ante un embate.
La expresión “que arremete” añade el componente activo: el fenómeno no es un clima, es una acción. La diferencia no es semántica. Si se trata de polarización, la respuesta adecuada podría ser el diálogo y la equidistancia. Si se trata de un ataque, la respuesta es la defensa y la contención. La declaración obliga a tomar partido: hay un agresor y hay un agredido. La elección de palabra no es indiferente, y en eso radica la fuerza de la cita.
Lo que está en juego con el lenguaje
La frase de Landaburu se produce en un momento en el que el término polarización se utiliza con frecuencia para caracterizar la vida pública. Quienes lo emplean suelen reclamar neutralidad y una equidistancia entre las partes. Al rechazar ese marco, la declaración sugiere que la neutralidad es imposible o indeseable: nombrar el fenómeno como fascismo sería un acto de clarificación.
El matiz no es menor. Si el problema es la polarización, la solución pasaría por bajar el tono y buscar consenso. Si el problema es el fascismo, la solución sería política y podría implicar la movilización activa de la sociedad. La advertencia de Landaburu, recogida en un artículo de Antonio Contreras y publicado por infoLibre, se inscribe así en un debate más amplio sobre el discurso político y sus límites.
La carga histórica del término fascismo es ineludible, y su uso exige precisión. Al mismo tiempo, la renuncia a emplearlo también puede leerse como una concesión. La cita, tal como aparece en el texto original, es breve y contundente. Su capacidad para resumir una posición política la convierte en una pieza destacada en la actualidad informativa.



