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Condenada GHI Hornos Industriales por usar la IA como excusa para despedir a un ingeniero

El juzgado de lo social número siete de Bilbao ha declarado improcedente el despido de un ingeniero de GHI Hornos Industriales, al considerar que la empresa esgrimió la inteligencia artificial como excusa genérica sin demostrar que la automatización hubiera dejado obsoleto su puesto. La compañía deberá abonar 12.330,56 euros al trabajador.

Fotografía que ilustra la noticia: Condenada GHI Hornos Industriales por usar la IA como excusa para despedir a un ingeniero
(El Periódico)

Un despido justificado después de ejecutarse

La sentencia, fechada a principios de junio y difundida por el abogado laboralista Pere Vidal, concluye que la empresa únicamente citó la disrupción de las nuevas tecnologías de manera genérica, sin evaluar el impacto real de la misma ni determinar si la automatización había dejado obsoleto el puesto de trabajo que se quería amortizar.

El magistrado reprocha a la firma que el informe de impacto que presentó para argumentar el cese fue elaborado una vez ya efectuado el despido. Esa secuencia temporal resta credibilidad al argumento: si el estudio se hizo después, difícilmente pudo medir el efecto real de la IA sobre las funciones del ingeniero en el momento en que se decidió prescindir de él. El juez entiende que la empresa decidió despedir al empleado por otros motivos y buscó después un argumento que le permitiera pagar la indemnización mínima y ahorrarse dinero.

La IA sí puede ser causa objetiva, pero solo si se demuestra

La resolución no niega que la disrupción digital pueda constituir una causa objetiva de despido. El propio tribunal recuerda que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León dictó en noviembre una sentencia pionera que avaló un despido colectivo en una empresa de traductores, que justificaba los ceses por la pérdida de clientes provocada por la irrupción de ChatGPT o Gemini.

La diferencia estriba en la prueba. En el caso vasco, la empresa no acreditó que la automatización hubiera dejado obsoleta la función concreta del ingeniero. El juez exige rigor: no basta con invocar la IA como un comodín para justificar reestructuraciones, hay que demostrar que el puesto ha desaparecido o ha quedado vacío de contenido.

El caso refleja una tensión creciente en los juzgados de lo social. Mientras la tecnología avanza, la jurisprudencia empieza a fijar los límites: la IA puede ser motivo de despido, pero no una excusa para abaratar el coste del cese sin prueba del impacto real.

Una tecnología todavía minoritaria en la empresa española

El ruido que genera la inteligencia artificial no se corresponde aún con su penetración real en el tejido productivo. Según los últimos datos del INE, solo el 21,1% de las empresas españolas de 10 o más trabajadores utilizan actualmente IA. El porcentaje ha crecido con fuerza en el último año -en 2024 era del 12,4%-, pero sigue siendo una tendencia minoritaria.

El uso del argumento genérico de la IA para justificar despidos se produce en un contexto de expectativas muy elevadas. Funcas estima en su último informe que durante la próxima década la IA destruirá entre 1,7 y 2,3 millones de empleos, especialmente administrativos y técnicos de nivel medio y superior.

Sin embargo, esa previsión macro no convierte cualquier cese en una consecuencia inevitable de la digitalización. La sentencia de Bilbao es un aviso para las empresas: si quieren amortizar puestos apelando a la IA, tendrán que documentar el impacto específico en cada caso, y hacerlo antes de tomar la decisión, no después. La indemnización de 12.330,56 euros es el precio de la falta de rigor probatorio.