La acampada por la vivienda en Sol reúne a 500 personas en su primera noche: “Va a marcar un antes y un después”
Unas 500 personas pasaron la noche en la Puerta del Sol en la primera jornada de una acampada convocada para exigir medidas contra la crisis de vivienda. La protesta, que arrancó este sábado frente a la sede de la Comunidad de Madrid y terminó con el anuncio de quedarse de forma indefinida, junta a veteranos del 15M con jóvenes que aún no habían nacido cuando estalló. “Esto va a marcar un antes y un después”, aseguran los convocantes.

Una noche de ilusión y memoria en Sol
La primera noche de la acampada en Sol fue un éxito para los convocantes. Más de 80 tiendas de campaña y unas 500 personas ocuparon la Puerta del Sol desde la tarde del sábado, en una protesta que quiere marcar un punto de inflexión en la lucha por la vivienda. La manifestación, que comenzó a las 18 horas frente a la Casa de Correos, recorrió el trayecto entre Sol, Neptuno y el Congreso antes de regresar al punto de partida, donde los asistentes decidieron acampar.
La noche, descrita por los participantes como “muy emotiva”, sirvió para unir generaciones. Pablo Martínez, del Sindicato de Inquilinas, lo tenía claro: “Es increíble, es un desborde, esta noche va a marcar un antes y un después”. A su lado, decenas de jóvenes, muchos de ellos con padres que vivieron el 15M, compartían mantas, pizzas y la determinación de no moverse hasta que el Gobierno tome medidas.
La decisión de acampar se tomó sobre la marcha. Los portavoces del Sindicato de Inquilinas anunciaron que se quedarían de forma indefinida, una decisión que se había fraguado en conversaciones internas durante la propia manifestación. “Nuestro objetivo es quedarnos aquí hasta que haya una solución para Mari Carmen y se aprueben medidas para solucionar el problema de la vivienda”, explicó Martínez. La referencia a Maricarmen alude al desahucio que tuvo lugar el miércoles frente a las puertas del piso de esta vecina, que se ha convertido en el símbolo de esta nueva ola de protestas.
Jóvenes sin futuro y el fantasma del 15M
La acampada de Sol tiene un marcado aire generacional. Entre los asistentes se respiraba un ambiente que recordaba al 15M de 2011, aunque con matices. Tobías, de 19 años, no sabe muy bien qué fue ese movimiento. Nació cuando este ya había estallado. A su lado, Joel, de 18 años y vecino de Vallecas, tenía solo 3 años en 2011. Para ellos, la lucha por la vivienda es algo más personal que político.
“La gente no se da cuenta, no es empática, no mira al de al lado, solo piensan en el dinero”, lamentaba un joven de 26 años que prefiere no dar su nombre. Este actor y trabajador eventual paga 500 euros por una habitación en Palos de la Frontera, donde comparte piso con su pareja y otra persona. La presión es tal que teme que le echen: “La inmobiliaria quiere comprarle el piso a mi casero”, decía, relatando cómo la inmobiliaria Redpiso presiona a su arrendador para que les suba el alquiler.
La historia de Miriam, de 24 años, es similar. Tuvo que abandonar su piso en Lavapiés cuando el propietario le dio 20 días de aviso. “Lo vimos en Idealista por 1.000 euros más, de 1.450 entre cuatro personas a 2.600”, explicaba. Ella acampa porque cree que “es imprescindible movilizarse, hay que tomar acción más allá de subir un post a Instagram, inspirarnos en los que lo han hecho antes y sentar el coño en Sol”. A diferencia de otros, Miriam consiguió comprar un piso en Vallecas por 100.000 euros, pero su situación es la excepción: “Mi hijo de 21 años vive conmigo y lo va a tener imposible para independizarse”.
La sombra de la crisis de la vivienda de 2013 planea sobre la acampada. “Es increíble que no se haya hecho nada desde 2013, cuando se vio que los bancos se estaban deshaciendo de pisos a subasta a precios irrisorios”, añadía un veterano que vivió el 15M. La sensación de que se ha perdido una década y que la situación es aún peor que entonces es un sentimiento generalizado.
Tensión contenida y llamada a la acción
La noche no estuvo exenta de incertidumbre. La primera preocupación era práctica: dónde ir al baño. La segunda, más seria, era si la Policía Municipal iba a desalojar la acampada, algo para lo que está facultada al no estar autorizada. El miedo a una actuación como la del desahucio de Maricarmen estaba presente. “Si se cumple el principio de proporcionalidad, no deberían desalojar, pero ya vimos en el desahucio de Maricarmen que no les importa esta proporcionalidad”, apuntaba el abogado Palomo.
Sin embargo, la noche transcurrió sin incidentes. Vecinos que volvían de fiesta se mostraban asombrados, pero no hubo enfrentamientos. Al amanecer, la acampada convivía con los turistas que paseaban por un domingo soleado. La tensión dio paso a la calma, pero no a la rendición.
Los convocantes son conscientes de que esto es solo el principio. La protesta, que coincide con la inminente tramitación de un decreto de vivienda en el Consejo de Ministros del martes, busca presionar a los partidos para que “pacten leyes realmente transformadoras”. “Esto va a marcar un antes y un después”, repetían muchos. El desafío está lanzado: la acampada se queda hasta que haya soluciones.



