trabajo

La falta de relevo generacional dispara los ingresos de fontaneros, electricistas y carpinteros: hasta 10.000 euros al mes

La falta de relevo generacional en los oficios tradicionales está revalorizando el trabajo de fontaneros, electricistas y carpinteros cualificados. Un profesional con cartera propia de clientes puede ingresar entre 3.000 y 10.000 euros al mes, según relata un fontanero en redes sociales, una realidad que contrasta con los datos oficiales: el SEPE sitúa estos perfiles entre los de mayor dificultad de cobertura, y casi la mitad de las vacantes en España llevan más de tres meses sin cubrirse.

Fotografía que ilustra la noticia: La falta de relevo generacional dispara los ingresos de fontaneros, electricistas y carpinteros: hasta 10.000 euros al mes
(El Periódico)

“Un buen oficial gana más que un arquitecto, un ingeniero o un médico”

Unai, fontanero de profesión, lo resume así en redes sociales: “Un buen oficial, ya sea fontanero, carpintero o electricista, que tenga ya su clientela propia puede estar ganando de 3.000 a 10.000 euros al mes fácilmente”. Un mensaje que ha hecho que algunos padres le pregunten directamente por el futuro de sus hijos. Su respuesta es clara: “Si tu hijo no quiere estudiar, que estudie un oficio, porque si eres bueno en tu oficio ganas más que un arquitecto, que un ingeniero o un médico”.

La publicación ha coincidido con un debate creciente sobre el valor de la formación profesional frente a la universitaria. Rodri, electricista, pone el foco en la percepción social: “La gente se gasta 4.000 euros en un sofá, pero le cuesta hacerlo en una instalación eléctrica porque no se ve”.

Detrás de estas cifras hay un fenómeno estructural: la falta de trabajadores cualificados en sectores como la fontanería, la electricidad o la carpintería. El problema no es coyuntural, sino que responde a un envejecimiento de las plantillas y a un relevo generacional que no llega.

El SEPE confirma la dificultad para cubrir estos perfiles

El Observatorio de las Ocupaciones del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) recoge en su informe 'El ajuste de la oferta y la demanda de empleo 2026' que los electricistas, fontaneros, albañiles, soldadores, conductores de camión y distintos perfiles industriales aparecen de manera recurrente entre las profesiones con mayor dificultad de cobertura.

Los datos oficiales son contundentes. En el cuarto trimestre de 2025, las empresas españolas declararon 95.340 puestos de trabajo vacantes. De ellos, 43.495 llevaban al menos 90 días sin cubrir. Es decir, cerca de una de cada dos vacantes llevaba tres meses o más esperando un candidato adecuado.

El informe del SEPE evita reducir el problema a una supuesta falta de ganas de trabajar. Entre las causas identificadas figura la escasez de candidatos con determinadas competencias técnicas, las condiciones laborales ofrecidas, los problemas de movilidad geográfica y la organización del trabajo. En algunas profesiones, además, se suma el envejecimiento de las plantillas y la falta de relevo generacional.

El debate de fondo: la valoración social y económica de los oficios

La revalorización de estos oficios no solo tiene un efecto sobre los ingresos de quienes los ejercen, sino que abre un debate más amplio sobre cómo se valora el trabajo manual frente al intelectual. Mientras que la carrera universitaria ha sido tradicionalmente la vía preferente para acceder a un buen empleo y un salario elevado, la evidencia actual muestra que la cualificación técnica en oficios con demanda insatisfecha puede ser igual o más rentable.

Para los autónomos y trabajadores por cuenta propia que ejercen estos oficios, la clave está en construir una cartera estable de clientes. Unai lo tiene claro: los ingresos de 3.000 a 10.000 euros al mes dependen de la experiencia, la zona de trabajo, los gastos del negocio y, sobre todo, de la reputación y la demanda.

El fenómeno tiene implicaciones para las políticas de empleo y para las familias que orientan a sus hijos hacia una u otra vía formativa. La falta de relevo generacional no solo encarece estos servicios, sino que amenaza con un déficit de profesionales en sectores esenciales para el mantenimiento de la infraestructura del país. La cuestión no es si un oficial puede ganar más que un ingeniero, sino por qué el sistema educativo y social no ha sabido transmitir que dominar un oficio es también una salida profesional de alto valor.