Los sondeos que empujan a Sánchez a las urnas: el PP sangra hacia Vox y la vivienda activa a la izquierda
Pedro Sánchez ha decidido convocar elecciones generales anticipadas, según fuentes de Moncloa, después de que los sondeos internos que manejó durante el fin de semana le mostraran una ventana de oportunidad: el ascenso imparable de Vox a costa del PP, que frena a Feijóo, y una izquierda que se activa gracias al tirón de las movilizaciones por la vivienda. Los informes, que cifran en un 20,8% la transferencia de votantes del PP hacia Vox, dibujan un escenario en el que la suma de las derechas no alcanzaría los 200 diputados, abriendo la puerta a una reedición del Gobierno de coalición, aunque con condiciones.

La fuga del PP hacia Vox: un 20,8% de trasvase
Uno de los informes 'flash' encargados por Moncloa, elaborado 'ex profeso' tras la tumba de los decretos antidesahucios del pasado viernes, revela que, si hoy se celebraran elecciones, uno de cada cinco votantes del PP en 2023 (un 20,8%) asegura que votaría a Vox en los próximos comicios. Este dato, que supone una hemorragia para el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo, se ve corroborado por encuestas públicas que dan a la extrema derecha un 19,4% de los votos y 71 escaños.
Estas cifras tienen un efecto directo en la aritmética parlamentaria: los sociólogos que han contactado con el equipo del presidente coinciden en que, de consolidarse esta tendencia, la suma de PP y Vox no superaría los 185 diputados, un registro que, aunque robusto, se queda lejos de la mayoría absoluta y de los 200 escaños que se llegaron a barajar hace meses. Así, la fuga hacia Vox no solo frena a Feijóo, sino que debilita a la derecha en su conjunto en el Congreso, impidiéndole gobernar incluso con el apoyo de otros grupos conservadores.
Este escenario contrasta con la situación de hace apenas dos semanas, cuando los marcos políticos dominantes eran la crisis migratoria de Ceuta o los escándalos judiciales que salpicaban al PSOE y a Zapatero. Ahora, la vivienda se ha instalado como el eje central del debate, un marco que la izquierda considera favorable y que puede desmovilizar a la base conservadora, más sensibles a los discursos de Vox sobre inseguridad o inmigración.
La izquierda confederal se activa, pero necesita un 11%
El otro gran hallazgo de los sondeos internos es la activación del electorado de la izquierda confederal al calor de las acampadas y las movilizaciones por la vivienda que han recorrido el país. Sin embargo, los mismos informes advierten de que la coalición gobernante solo sería viable si el espacio que lidera Sumar alcanza, como mínimo, el 11% del voto. Un umbral que, hoy por hoy, se ve lejano, y que se complica aún más si el votante tiene que elegir entre dos papeletas por la probable presentación por separado de Podemos y el Frente Amplio, la nueva coalición de Sumar, IU, Más Madrid y Comuns.
Esta doble candidatura de la izquierda alternativa podría fragmentar el voto y dejar a ambas formaciones por debajo del umbral necesario para reeditar la coalición. Moncloa, consciente de este riesgo, presiona por una confluencia, aunque las negociaciones siguen en el aire. La incógnita sobre la fórmula electoral y las cabezas de lista, aún sin definir, añade más incertidumbre a un escenario ya de por sí volátil.
La movilización social, no obstante, se ha convertido en un factor determinante. Las acampadas, que siguen en pie sin expectativa de retirada, y la convocatoria de una huelga general de inquilinos para el otoño, respaldada por CCOO y UGT, sitúan la vivienda como el tema central de la precampaña. Este clima de protesta beneficia a la izquierda, que logra conectar con un electorado joven y urbano, normalmente más abstencionista, y que ahora ve en las urnas un canal para expresar su malestar. La clave será si esa energía social se traduce en votos suficientes para superar el 11% y, sobre todo, si la fragmentación de la izquierda alternativa no juega en contra de sus intereses.
La vivienda, el campo de batalla electoral
El presidente del Gobierno, en su comparecencia en la escalerilla de Moncloa el pasado lunes, justificó la convocatoria electoral apelando a la necesidad de "renovar y ampliar el apoyo de la gente" para acometer "las reformas pendientes" en materia de desigualdad, servicios públicos y acceso a la vivienda. Un discurso que confirma el giro estratégico de su gabinete: situar la vivienda como el eje central de la campaña, un tema que moviliza a la izquierda y que confronta directamente con la oposición, que tumbó los decretos antidesahucios.
La caída de esos decretos el pasado viernes, con los votos de PP, Junts y Vox, ha sido el detonante de una respuesta social sin precedentes. Las acampadas y las protestas, que han tenido especial eco en las grandes ciudades, han logrado situar la vivienda en el centro del debate público, un marco que la izquierda considera favorable. La colaboración de los sindicatos de clase, CCOO y UGT, en la convocatoria de una huelga general de inquilinos para el otoño añade un componente de presión social que puede influir en la campaña.
Las próximas ocho semanas serán decisivas para ver si el debate colectivo sigue girando en torno al derecho a la vivienda y si la jugada de Sánchez, basada en los sondeos internos, da sus frutos. Mientras, Feijóo intenta contener la sangría hacia Vox, y la izquierda alternativa se juega su futuro político en las urnas. Con una derecha debilitada y una izquierda en busca de activación, la convocatoria anticipada podría cambiar el tablero político para los próximos años. Lo que está claro es que la vivienda, más que una política sectorial, se ha convertido en el principal campo de batalla electoral.



