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Madrid adjudicó a dedo a la empresa de la directora de la ORCAM un espectáculo protagonizado por su propia orquesta

La Comunidad de Madrid adjudicó de forma directa, sin concurrencia competitiva, a la empresa vinculada a la directora de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (ORCAM) un espectáculo en el que actuaba la propia formación. El caso, revelado por infoLibre, vuelve a poner el foco sobre las prácticas de contratación pública en el ámbito cultural madrileño y sobre los conflictos de interés que pueden derivarse de la gestión de instituciones artísticas.

Fotografía que ilustra la noticia: Madrid adjudicó a dedo a la empresa de la directora de la ORCAM un espectáculo protagonizado por su propia orquesta
(infolibre.es)

Una adjudicación directa bajo sospecha

Según la información publicada por infoLibre, la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid adjudicó directamente, sin concurso público, un espectáculo a la empresa de la persona que dirige la ORCAM. El objeto del contrato incluía la participación de la propia orquesta, lo que convierte a la adjudicataria en beneficiaria de un encargo que, a su vez, dependía de la institución que su directora gestiona.

La fórmula de la adjudicación directa está contemplada en la legislación de contratos del sector público para supuestos muy tasados, como la urgencia o la exclusividad. En este caso, la información publicada apunta a que se utilizó esa vía para un encargo artístico que, por sus características, podría haber sido objeto de un proceso con mayor transparencia. La falta de publicidad previa impide conocer si otras empresas del sector podrían haber presentado ofertas alternativas en condiciones de igualdad.

El conflicto de interés: dirigir y cobrar a la vez

El núcleo del caso reside en la doble condición de la persona implicada: como directora de la ORCAM, institución pública dependiente de la Comunidad de Madrid, y como titular de la empresa que recibió el encargo. Esa confluencia de roles plantea un conflicto de interés institucional, en la medida en que quien decide o influye en la programación de la orquesta puede resultar beneficiada económicamente a través de una sociedad mercantil propia.

No es la primera vez que las adjudicaciones directas en el ámbito cultural madrileño generan controversia. La gestión de los teatros públicos y de las formaciones musicales ha sido objeto de críticas por la opacidad en la selección de proveedores y por la ausencia de controles efectivos en los encargos menores. En este caso, además, el espectáculo adjudicado a dedo estaba protagonizado por la propia formación que dirige la beneficiaria, lo que refuerza la percepción de que el circuito se cerró sobre sí mismo.

La defensa de la Comunidad de Madrid

Ante las informaciones publicadas, la Comunidad de Madrid ha defendido la legalidad de la contratación, argumentando que la adjudicación directa se ajusta a los supuestos previstos en la normativa. Según el gobierno regional, la naturaleza del encargo y las condiciones particulares del mismo justificaban la elección de la vía directa, una fórmula que la administración considera proporcional y ajustada a derecho.

La versión oficial habría sido remitida a los medios tras la publicación del caso, aunque la información sobre el expediente concreto, los importes y los plazos de ejecución resulta esencial para evaluar si la contratación se realizó dentro de los márgenes legales o si, por el contrario, debería haber sido sometida a un procedimiento abierto. La falta de detalles sobre el contrato en las informaciones iniciales deja abierta la pregunta sobre la cuantía y sobre los criterios que llevaron a seleccionar a la empresa.

Un patrón recurrente en la contratación cultural

El caso de la ORCAM no puede leerse como un episodio aislado. Las adjudicaciones directas en la administración madrileña, especialmente en el ámbito de la cultura, han sido señaladas en repetidas ocasiones por los órganos de control externo. El informe de fiscalización de la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid ha alertado en diversas ocasiones sobre la utilización de procedimientos de contratación de emergencia y de adjudicación directa más allá de los supuestos permitidos.

La contratación de espectáculos, montajes y producciones audiovisuales suele concentrarse en un reducido número de proveedores, muchos de ellos vinculados a cargos públicos o a gestores culturales con capacidad de decisión. Esa opacidad en la selección de beneficiarios tiene un efecto directo sobre la igualdad de oportunidades entre empresas del sector, y sobre el uso eficiente de los recursos públicos. La ORCAM, como formación sostenida con fondos de la Comunidad de Madrid, necesita que la gestión de sus actividades artísticas se rija por criterios de transparencia y concurrencia.

Qué se puede esperar a partir de ahora

La revelación de esta adjudicación a dedo abre la puerta a una posible revisión del expediente por parte de los servicios de intervención de la Comunidad de Madrid, así como a una eventual queja ante la Cámara de Cuentas. Las asociaciones en defensa de la transparencia y los grupos de la oposición en la Asamblea han solicitado en ocasiones anteriores la comparecencia de los responsables de Cultura para explicar este tipo de contrataciones. Queda por ver si este caso concreto llevará aparejadas explicaciones públicas de mayor alcance.

El asunto también plantea un interrogante sobre el modelo de gestión de la ORCAM. La institución combina recursos propios con contratos externos para la organización de conciertos y actividades paralelas. Cuando la persona que la dirige resulta a la vez proveedora de la propia institución, se erosiona la confianza en la gestión de lo público, con independencia de que la operación pueda ser formalmente legal. La ciudadanía tiene derecho a saber cuánto se pagó, por qué se eligió esa vía y qué alternativas se descartaron. La política de transparencia del gobierno regional, que presume de ser una de las más avanzadas de España, se enfrenta ahora a una prueba real de su aplicación efectiva.