Guterres deja la ONU con el 1,5 grados ya rebasado y la economía verde lanzada
El secretario general de la ONU, António Guterres, abandona el cargo el 31 de diciembre después de diez años en los que el cambio climático ha pasado de ser una advertencia a convertirse en una realidad que ya ha rebasado el límite de 1,5 grados. Su mandato cierra con la convicción de que la transición energética es imparable, aunque la acción política se haya quedado corta.

Una década de alertas que se quedaron cortas
Cuando António Guterres llegó a la secretaría general de la ONU el 1 de enero de 2017, el Acuerdo de París llevaba solo dos meses en vigor. El pacto, firmado bajo el paraguas de Naciones Unidas en diciembre de 2015 gracias al impulso de EE UU y China, fijaba como objetivo reducir las emisiones para que el calentamiento global no superara los dos grados y, si era posible, se quedara por debajo de 1,5. Diez años después, el propio Guterres ha tenido que reconocer que esa meta se incumplirá.
"Debemos hacer que esa superación sea lo más pequeña y corta posible", advirtió este miércoles en uno de los actos de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. El límite de 1,5 grados se va a rebasar de forma estable en los próximos años por las emisiones que ya se han acumulado en la atmósfera. Es un dato que marcará su legado: el secretario general que llegó con el pacto recién nacido se va con la certeza de que el tiempo se ha agotado.
De la promesa a la realidad: los efectos que ya no se pueden ignorar
El mandato de Guterres ha coincidido con una década en la que los efectos del cambio climático se han acelerado. Las temperaturas medias han subido y los fenómenos meteorológicos extremos se han multiplicado y han sido cada vez más duros, tal y como ha recordado el propio secretario general en sus últimas intervenciones. Mientras tanto, el impulso político se ha debilitado en este periodo: la salida de EE UU del Acuerdo de París, primero con Trump y después con su vuelta, además del Brexit, la pandemia, la desinformación en redes sociales y la invasión de Ucrania han marcado una década convulsa.
A pesar de todo, Guterres ha insistido en que la solución ya está en marcha. La revolución de las energías limpias ha tomado un gigantesco impulso en estos diez años, con la solar a la cabeza, el almacenamiento energético y la movilidad eléctrica como protagonistas. "Lo limpio es competitivo y la acción climática es imperativa", ha repetido, una frase que resume su apuesta por demostrar que la descarbonización no es un freno económico sino una oportunidad.
Guterres, la voz que puso nombre a la emergencia
El portugués llegó a la sede de la ONU con una agenda clara: situar el calentamiento global en el centro del debate internacional, señalando a los responsables políticos y empresariales el camino que dicta la ciencia. Sus advertencias han sido contundentes desde el inicio. En mayo de 2017, cuando Trump anunció la salida de EE UU del Acuerdo de París, Guterres respondió que "el acuerdo no se derrumba porque un país lo abandone", una frase que marcó su posicionamiento.
Las frases más recordadas de su década reflejan la evolución de su discurso. En junio de 2021 advirtió en una entrevista que "el mundo no será capaz de utilizar todo el petróleo y el gas que ya están descubiertos", y en septiembre de 2023, en plena vorágine climática, lanzó uno de sus avisos más duros: "La humanidad ha abierto las puertas del infierno". Ya en 2026, con el alza de precios de los combustibles por la guerra contra Irán, lo resumió en una idea: "Nuestra adicción a los combustibles fósiles está desestabilizando tanto el clima como la seguridad global".
La economía verde, el contrapunto a la inacción política
A pesar del pesimismo que podría desprenderse de los últimos datos, Guterres ha insistido en que la transición energética es imparrable. "La revolución de las energías limpias ya está aquí. Ningún grupo, ninguna empresa ni ningún gobierno pueden detenerla", afirmó, una confianza que no se ha visto respaldada por los gobiernos, a los que ha pedido que desarrollen "una hoja de ruta creíble para dejar atrás los combustibles fósiles, con plazos claros".
Entre sus peticiones más concretas para lo que resta de década destacan: "triplicar las renovables, duplicar la eficiencia, electrificar las economías, reducir el metano, detener la deforestación y acelerar la transición desde los combustibles fósiles". Unos objetivos que, según los expertos, son técnicamente viables pero que requieren de una voluntad política que no ha existido hasta ahora. Guterres se va de la ONU, pero las tareas pendientes que deja sobre la mesa serán el trabajo de la próxima generación de líderes.



