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Bidafarma, la cooperativa que factura 3.000 millones, defiende su modelo ante el auge del libre mercado

La cooperativa farmacéutica Bidafarma, que factura 3.000 millones de euros y es una de las líderes del sector en España, acude por primera vez a la asamblea de la Alianza de Cooperativas Internacional (ACI) en Panamá con un mensaje claro: solo el cooperativismo puede garantizar que los medicamentos lleguen a todos los rincones del país, incluso a los pueblos más pequeños y remotos. Su presidente, Antonio Mingarance, advierte de que en un escenario de libre mercado sería imposible mantener ese servicio universal.

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(elDiario.es)

Un gigante desconocido con raíces cooperativas

Bidafarma nació hace diez años de la fusión de doce cooperativas farmacéuticas, algunas con más de un siglo de historia, que sumaban mil años de experiencia. El objetivo era doble: avanzar hacia una sociedad más justa y ganar eficiencia. "Si hacemos diez veces por separado aquello que podemos hacer una vez, podemos ser complementarios y unir sinergias", explica Mingarance en una entrevista publicada por eldiario.es.

Con una facturación de 3.000 millones de euros y 10.000 socios farmacéuticos, la cooperativa es uno de los líderes del sector en España, junto a Cofares, también cooperativa. Pese a su tamaño, es una gran desconocida para el gran público. En su primera participación en la ACI, Mingarance busca darse a conocer, aprender de experiencias de otros países y reforzar el peso del cooperativismo español en el ámbito internacional.

Por qué el libre mercado no llegaría a todos los pueblos

La prestación farmacéutica en España es universal: el Estado garantiza el acceso a los medicamentos en igualdad de condiciones para todos los ciudadanos. Sin embargo, la geografía española es dispersa y muchos pueblos pequeños, remotos o de difícil acceso requieren un gran coste logístico. Mingarance sostiene que "solamente bajo un modelo cooperativo se puede garantizar que los medicamentos lleguen a todos".

"Si fuésemos al libre mercado, sería imposible", insiste. Un medicamento que se sirve en las mismas condiciones, al mismo precio y con las mismas garantías en el último pueblo de España que en el centro de Madrid reportaría pérdidas a una empresa orientada al lucro. "Entre los dos extremos de Granada hay 295 kilómetros y cientos de pueblos de 500, 800 o 900 habitantes", ejemplifica. "El modelo es solidario: los farmacéuticos saben que no es rentable llevar medicamentos a algunos lugares y lo compensan con otros", añade.

Preguntado sobre si esta regulación protege al sector de la entrada de multinacionales, Mingarance responde: "Si este no fuera un sector regulado, seguramente sería otro escenario". Pero recuerda que los precios de los medicamentos dependen de la autoridad sanitaria, no de la cooperativa.

Desabastecimiento: un problema crónico con solución predictiva

La crisis del estrecho de Ormuz no ha provocado desabastecimiento de medicamentos en España, aunque algunas materias primas han tenido dificultades para llegar. Mingarance admite que ha habido problemas con el aluminio, cartonajes y otros materiales, pero no una crisis generalizada. Eso sí, reconoce que el desabastecimiento de determinadas moléculas "es un problema que convive con nosotros y creo que va a persistir".

Uno de los medicamentos más afectados es Concerta, utilizado para el trastorno de déficit de atención. Aunque hay escasez, una buena gestión está resolviendo el problema "razonablemente". Desde la Agencia de Medicamentos y el Consejo General de Fedifar se aplica una visión predictiva para anticipar qué desabastecimientos pueden producirse y minimizar su impacto, siempre con alternativas de "similar calidad, eficiencia y seguridad".

Sobre la situación en Ceuta, tras la crisis diplomática con Marruecos, Mingarance asegura que las farmacias siguen abiertas y no faltan medicamentos. "Estuvimos allí el jueves de la semana pasada y todo funciona con normalidad", afirma. La cooperativa se reunió con el Ministerio de Sanidad en Ceuta y las vías de comunicación están abiertas.

Un modelo que se financia reinvirtiendo todo el beneficio

Bidafarma reinvierte todo lo que gana para mejorar tecnológicamente. Sus 32 almacenes están robotizados en un 96% y la cooperativa invierte en inteligencia artificial y sostenibilidad. "Esto nos lo podemos permitir porque desde hace diez años nos unimos todos", señala Mingarance. La escala es la clave para financiar la función social.

"Para realizar tu función social, tienes que ser rentable", subraya. Los socios de la cooperativa son los farmacéuticos, no los trabajadores: no es una cooperativa de trabajo. Aun así, Mingarance presume de "buenas condiciones" para la plantilla, con una rotación baja y una vida laboral media de 15 años en la empresa; el 40% lleva más de 21 años.

Cooperativismo frente al libre mercado y la ideología

Mingarance no ve al cooperativismo amenazado por el auge de la extrema derecha ni por gobiernos contrarios a este modelo. Recuerda que Estados Unidos, pese a los ataques de Trump contra las cooperativas en la ONU, es el país con más cooperativas del mundo. "Trump puede decir que está en contra, pero es el país que más cooperativas tiene", afirma.

Para el presidente de Bidafarma, el cooperativismo "tiene unas raíces ideológicas" pero trata de mantener cierta neutralidad. "En Bidafarma no tenemos ideología", asegura. "Suministramos medicamentos a los pueblos, a las ciudades, a las personas... La salud no es de nadie, es de todos, y no tiene ideología".

Preguntado sobre si el Gobierno del PSOE ha favorecido al sector con sus últimas medidas, Mingarance responde que "siempre hemos funcionado de manera muy autonómica" y ha mantenido "una entente razonable con todos los gobiernos". Eso sí, rechaza la sobreprotección: "La obligación de las cooperativas es hacerlo tan bien como para no necesitar esta protección". Considera que, para amenazar al cooperativismo, alguien tendría que ofrecer una alternativa mejor, "y no la hay".