Construir más vivienda no basta: la oferta no abarata si acaba en alquiler turístico o especulación
El debate sobre la crisis de vivienda vuelve a centrarse en una consigna repetida por políticos, empresarios e inversores: 'hay que construir más casas'. Sin embargo, un artículo de opinión publicado en lamarea.com sostiene que este argumento, basado en la ley de la oferta y la demanda, ignora cómo funcionan realmente los mercados inmobiliarios y que construir sin control de uso no abarata ni la compra ni el alquiler.

Dublín y el boom español: construir no garantiza precios asequibles
El texto, firmado por Pablo Vila, pone a prueba la afirmación de que más oferta reduce precios con dos ejemplos. En Dublín, donde se concentra la mayoría de la nueva construcción de Irlanda, en 2025 se completaron 36.284 viviendas nuevas, un 20,4% más que el año anterior. Pese a ese aumento, los precios de compra subieron alrededor de un 6% y los alquileres un 9%.
El segundo ejemplo es español y más contundente: entre 1998 y 2008 se construyeron más de 5.000.000 de viviendas en España y, lejos de abaratarse, los precios se duplicaron. Ambos casos sugieren que el aumento de la oferta por sí solo no resuelve el problema, porque la vivienda no es un bien que compita únicamente en el mercado residencial.
El mercado inmobiliario no es único: compite con la inversión y el turismo
El autor argumenta que quienes invocan la oferta y la demanda olvidan que ningún mercado existe aislado. Una casa en el centro de una ciudad puede comercializarse en varios mercados a la vez: el de vivienda residencial, el de inversión y reventa, el de alquiler por habitaciones, el temporal o el turístico.
Cuando la construcción se deja exclusivamente en manos de promotores privados, apunta, es 'probable y casi normal' que cada vivienda vaya al mercado donde genera más rentabilidad, que difícilmente es el del alquiler residencial. Para ilustrarlo, recuerda que en Derecho de la Competencia los mercados se analizan de forma segmentada: por producto y por lugar. Dos supermercados no compiten a nivel nacional, sino en radios de unos 15 minutos a pie desde cada barrio.
El artículo compara esta lógica con la construcción de vivienda: 'decir que construir viviendas o liberar suelo, en abstracto, baja el precio del alquiler es, en términos de lógica de mercado, falso'.
Las 750.000 viviendas del Banco de España: ¿para quién se construyen?
El texto también cuestiona el uso que se hace del informe del Banco de España que estima que se necesitan 750.000 viviendas para responder a la creación de nuevos hogares. Para el autor, ese dato se cita como argumento de peso a favor de construir más, pero se ignora una pregunta clave: ¿para qué se construyen?
'Si esas 750.000 viviendas se construyen para el alquiler turístico, se seguirían necesitando otras tantas para que la gente pueda vivir en ellas', advierte. Y apunta a la inversa: si se pusieran a disposición de los residentes las 900.000 viviendas que están en manos de extranjeros no residentes o destinadas al alquiler turístico, la necesidad estimada se vería seriamente afectada.
'El problema no es solo cuántas viviendas hay en un lugar, sino a disposición de quién y para qué', resume.
Propuesta: vivienda pública o cooperativa que compita con la privada
Frente a la construcción sin control, el artículo defiende que sí hace falta construir, pero 'vivienda de propiedad pública o cooperativa en perpetuidad con fines residenciales, planificada democráticamente'. Esta vivienda debería cumplir su función social y 'competir con la vivienda privada', ofreciendo mejores condiciones porque la rentabilidad sería un elemento residual.
El autor sostiene que esta oferta social debe existir en todos los barrios y ciudades para que nadie 'pierda la cabeza y el sueldo' por pagar alquileres o propiedades desorbitadas. 'No existe barrio en el mundo en el que esté justificado que el precio, y la capacidad de afrontarlo, sea el único elemento que dé derecho a vivir en él', afirma.
El artículo concluye con una defensa de la movilización social como herramienta de cambio, citando las acampadas y protestas por vivienda en España, Francia, Italia o Grecia, y recordando que 'cuando la ciudadanía se ve a sí misma en el espejo, es capaz de transformarlo todo'.



