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Dos millones de jóvenes en riesgo de pobreza: la precariedad empieza en las aulas y se asienta en el primer empleo

La fotografía que dibuja el mercado laboral español para los menores de 30 años es demoledora: alrededor de dos millones de jóvenes se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Detrás de esa cifra no hay una única causa, sino un itinerario que empieza en el sistema educativo y se consolida con la entrada al mercado de trabajo, marcado por la temporalidad, la parcialidad y los salarios bajos.

Fotografía que ilustra la noticia: Dos millones de jóvenes en riesgo de pobreza: la precariedad empieza en las aulas y se asienta en el primer empleo
(infolibre.es)

La cifra que condiciona el futuro del país

El dato, que ha sido recogido por el medio digital infoLibre en una información firmada por la periodista Selina Bárcena, apunta a que cerca de dos millones de jóvenes españoles se encuentran en una situación de precariedad que les sitúa al borde del umbral de pobreza. La magnitud de la cifra adquiere toda su dimensión si se tiene en cuenta que se trata de la generación que debería sostener el estado del bienestar en las próximas décadas.

El informe sobre el que se sustenta la noticia subraya que la precariedad no es un accidente biográfico, sino el resultado de un proceso que se gesta desde la etapa formativa. Las prácticas no remuneradas o mal pagadas, la falta de una orientación laboral sólida y un sistema productivo que no acaba de demandar perfiles cualificados son algunos de los factores que contribuyen a perpetuar la inestabilidad.

De las aulas al primer empleo: un círculo vicioso

Uno de los elementos más preocupantes que se desprenden del análisis es que la precariedad se cronifica desde los primeros pasos de la carrera profesional. Los jóvenes que terminan sus estudios se enfrentan a un mercado laboral que les ofrece, en demasiadas ocasiones, contratos temporales de baja duración y jornadas parciales que no garantizan unos ingresos suficientes para emanciparse o planificar un proyecto de vida autónomo.

Esta situación provoca que no pocos jóvenes se vean abocados a aceptar condiciones de trabajo por debajo de su cualificación, lo que alimenta el desajuste entre formación y empleo y consolida la trampa de la precariedad: sin experiencia estable difícilmente se accede a mejores empleos, y sin mejores empleos es imposible abandonar la inestabilidad.

Consecuencias sobre la emancipación y el bienestar

La prolongación de la precariedad juvenil tiene efectos directos sobre la estructura social y económica del país. La edad media de emancipación sigue retrasándose y una parte significativa de los jóvenes depende de sus familias para llegar a fin de mes, lo que limita su capacidad de consumo y de ahorro y, en última instancia, incide en las decisiones demográficas y en la sostenibilidad del sistema público de pensiones.

El informe llama la atención sobre el hecho de que la pobreza laboral no es un fenómeno residual entre la juventud, sino una realidad estructural que exige respuestas coordinadas entre el sistema educativo, las políticas activas de empleo y la negociación colectiva. Los autores del estudio insisten en que, sin medidas que ataquen la raíz de la precariedad, las cifras no harán sino empeorar en los próximos años.