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La UE cambia las reglas para crear gigantes paneuropeos: del blindaje antimonopolio a la fiebre por las fusiones

La UE ha emprendido una revolución silenciosa en su política industrial: flexibilizar las reglas de competencia para permitir la creación de grandes grupos paneuropeos capaces de rivalizar con los gigantes de EEUU y China. Un giro que ya se refleja en una oleada de fusiones y adquisiciones en sectores clave como la banca, las telecomunicaciones o la defensa, y que choca con décadas de ortodoxia antimonopolio.

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(elDiario.es)

De la UE regulada a la Europa de los emporios: el cambio de paradigma

Bruselas ha decidido que la escala empresarial es un activo geoestratégico ineludible. Los informes de los exprimeros ministros italianos Mario Draghi y Enrico Letta han sido el aldabonazo: la UE debe recuperar capacidades inversoras y completar el mercado único para engendrar conglomerados que compitan con los estadounidenses y chinos. El diagnóstico, respaldado por think tanks como Bruegel o el Centre for European Reform, sostiene que la fragmentación empresarial es una de las mayores debilidades estructurales de la economía europea.

El viraje doctrinal, alentado desde la Casa Blanca republicana, se traduce en una remodelación de las leyes de competencia y en la flexibilización de los procesos de fusiones transfronterizas. Boston Consulting Group lo resume elocuentemente: la UE "está cambiando el criterio con el que evalúa las fusiones". Hasta ahora se combatían las posiciones de dominio; ahora se reconoce que una mayor escala también puede ser beneficiosa si permite invertir más, innovar y ganar en resiliencia global.

La primera oleada: banca, telecos y defensa, los sectores donde ya se mueven fichas

La banca es el laboratorio donde germinará el nuevo paradigma. La ofensiva de UniCredit sobre Commerzbank, las operaciones alrededor de Banco BPM o Monte dei Paschi, o el debate sobre BBVA y Banco Sabadell reflejan el nuevo clima. Andrea Orcel, CEO de UniCredit, lo dice claro: las fusiones transfronterizas son "la vía más eficaz para generar entidades con la escala suficiente para financiar la economía europea". Entidades como Santander, BNP Paribas, Intesa Sanpaolo o Deutsche Bank son candidatas naturales al galardón paneuropeo.

En telecomunicaciones, Telefónica aparece como uno de los actores principales. Con su nueva consigna de "menos Latinoamérica, menos deuda y más Europa", la operadora presidida por Marc Murtra podría convertirse en catalizador de la remodelación del sector. Los datos de GSMA Intelligence avalan la tesis: las operadoras de mayor tamaño invierten un 48% más en redes móviles, despliegan más rápido el 5G y ofrecen más calidad sin precios más elevados. En defensa, empresas como Airbus Defence & Space, Leonardo, Thales, Rheinmetall o la española Indra se perfilan como protagonistas de futuras integraciones continentales.

El reto tecnológico y energético: de la regulación a la soberanía productiva

El sector tecnológico es donde la UE precisa crear campeones globales con más urgencia. La brecha con EEUU y China es abrumadora, aunque Europa cuenta con líderes en tecnología industrial como ASML, SAP, Dassault Systèmes o Siemens, y con nuevas firmas como Mistral AI, Aleph Alpha o Helsing. McKinsey Global Institute lo plantea sin rodeos: "Europa no necesita crear emporios desde cero, sino dar a los que tiene una escala global". Pero el déficit es estructural: fragmentación del mercado, escasez de capital y merma inversora en I+D.

La energía es otro pilar de la futura industria europea. Desde la guerra en Ucrania, la UE ha revalidado su reto de situarse a la vanguardia de la sostenibilidad, con grupos como Iberdrola, Enel, EDF o RWE como referentes mundiales en renovables. El rearme europeo, que movilizará hasta 800.000 millones de euros anuales, podría ejercer un "efecto tractor" sobre sectores como el software, la electrónica, las telecomunicaciones, la automoción o la logística. Los expertos creen que Europa dispone de una base científica e industrial de primer nivel, pero le urgen a convertir ese conocimiento en capacidades desplegables. La pregunta es si la nueva política industrial europea logrará conciliar la competencia con la creación de gigantes, o si el péndulo regulatorio ha oscilado demasiado lejos del viejo consenso antimonopolio.