El 8M como precedente: la huelga por la vivienda del 11N bebe de las huelgas feministas de 2018 y 2019
Aunque algunos análisis sitúan el último precedente de huelga general en el 14N de 2012, la convocatoria del paro por la vivienda del 11 de noviembre tiene un referente más cercano y heterodoxo: las huelgas feministas de 2018 y 2019, que ampliaron el concepto de paro más allá de la fábrica y del trabajo asalariado. Aquella experiencia, explican sus protagonistas, ha marcado la forma y el fondo de la movilización que ahora convocan sindicatos y plataformas de vivienda.

Una huelga que se piensa 'desde las bases' y no solo desde los centros de trabajo
El 8 de marzo de 2018 se celebró la primera huelga general feminista de la historia de España. La convocatoria rompió con la imagen clásica de los paros que detenían la industria: no respondía a un conflicto laboral, sino que buscaba visibilizar las violencias machistas, la desigualdad legal y simbólica y las discriminaciones que sufren las mujeres.
Pero también rompió con la forma. No solo apelaba al empleo asalariado, sino a los trabajos de cuidados no remunerados y al consumo. La idea era que si una fábrica para, alguien sigue haciendo la comida, atendiendo a los niños o cuidando de las personas dependientes. Esa ampliación del sujeto de la huelga y del concepto mismo de trabajo es, según Ana Useros, que participaba entonces en la Comisión 8M, lo que 'resignificó' el paro.
'Las huelgas de 2018 y 2019 abrieron la posibilidad a hacerlas desde un lugar diferente. Había una necesidad de ampliar el sujeto de la huelga, el concepto de trabajo, pensarlas desde otro lugar distinto al del centro de trabajo, construirlas de manera más abierta y horizontal', explica Useros.
Por eso, cuando se planteó la posibilidad de un paro general por la vivienda, el vínculo con el 8M fue 'instintivo': 'Pensamos “esta es de las nuestras” porque no es una huelga laboral o de producción y ya, es una huelga por la vida que se piensa desde los movimientos sociales y se organiza desde las bases hacia fuera y a la que después se suman los sindicatos', añade.
Del 8M al 11N: 'las huelgas en el siglo XXI son en muchos más sitios que en las fábricas'
Carme Arcaranzo, portavoz en Catalunya del Sindicato de Inquilinas, asegura que el 8M ha sido 'un referente' para llegar a la huelga del 11N porque mostró 'que las huelgas en el siglo XXI son en muchos más sitios que en las fábricas, que pueden salir desde fuera de las estructuras sindicales clásicas'.
Para Arcaranzo, el 8M también dejó una enseñanza clave: 'nuestra fuerza de trabajo no solo está dentro de nuestro horario laboral, sino que el trabajo reproductivo importa y también explota'. Y traslada esa idea al problema de la vivienda: 'Y ahora decimos que fuera de nuestros trabajos, cuando llegamos a casa, también nos siguen explotando los rentistas o los bancos, los que nos roban el sueldo para acceder a un techo'.
La convocatoria del 11N, según esta lectura, nace de preguntas similares a las que se hicieron las feministas en 2018: ¿para qué sirve una huelga? ¿Qué hacemos con los trabajos de cuidados que no se pagan pero que sostienen la economía y que hacen mayoritariamente las mujeres? ¿Pueden ser los paros herramientas que superen las reivindicaciones laborales para plantear propuestas que transformen la sociedad?
El giro de los grandes sindicatos: de los paros parciales a la convocatoria conjunta
En 2018 y 2019, CCOO y UGT no convocaron huelga general, sino paros parciales, a pesar del debate interno y de la presión de las sindicalistas feministas para que sus organizaciones apoyaran el paro completo. Finalmente, fueron las centrales minoritarias las que dieron amparo legal al paro de 24 horas.
Ocho años después, el escenario ha cambiado. Los sindicatos mayoritarios no han dudado en sumarse a la huelga por la vivienda. Carolina Vidal, secretaria confederal de Mujeres de CCOO, lo explica así: 'La gente lo ha entendido muy bien. Es el momento, el sindicato tiene que responder al clamor de la calle, el 8M fue clave'.
Vidal cree que en 2018 las centrales tomaron sus decisiones 'con los mimbres que había entonces' y que el momento actual es distinto, en parte precisamente por el 'punto de inflexión' que marcaron los paros feministas.
'Esta es una huelga política, como todas. Y es distinta porque los sindicatos mayoritarios convocan a la ofensiva, y no a la defensiva, porque no ha habido un ataque específico, es que queremos influir en la política porque tenemos vidas que no podemos vivir con dignidad', diagnostica.
Vidal subraya que, aunque los salarios han subido con claridad, 'es imposible hacer frente al precio de la vivienda y a la subida de los precios'. Y resume la situación con crudeza: 'La macroeconomía va a toda pastilla y a la ciudadanía mientras le cuesta vivir, es una situación invivible'.
La sindicalista añade que una parte importante de la jornada será la huelga laboral, pero que se trata de que haya una 'movilización social que arrope una reivindicación social'.
Precedentes anteriores: 2012 y la huelga islandesa de 1975
El vínculo entre feminismo y huelga general no es nuevo en España. En los dos paros generales que se convocaron en 2012, grupos feministas ya llamaron a una huelga de cuidados y colectivos de empleadas de hogar organizaron piquetes.
Y el referente internacional más citado es el de Islandia en 1975, cuando las mujeres secundaron de manera masiva una huelga para pedir igualdad laboral, pero también la distribución de los cuidados como premisa para que hubiera una redistribución del empleo asalariado y de la riqueza.
El feminismo quería disputar qué es una huelga general y para qué se hace, un propósito idéntico al del paro por la vivienda. Porque la desigualdad, concluyen las fuentes consultadas, está lejos de generarse solo en el centro de trabajo y en el salario.



