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El barril vuelve a imponer su ley: la escalada del petróleo y el diésel reabre la presión sobre hipotecas y precios en Europa

La factura energética vuelve a mandar en la economía europea sin que falte ni una gota de crudo en los mercados. El barril de petróleo se mantiene por encima de los 100 dólares, el litro de diésel ya supera los 2 euros en España y el euríbor ha escalado hasta el 3,25% en septiembre, según el análisis que publica elDiario.es y que firma Ignacio J. Domingo. El resultado es una presión renovada sobre las rentas familiares y las cuentas de las pymes, que ven cómo la energía encarece desde la cesta de la compra hasta las hipotecas, mientras los gobiernos europeos asisten a un nuevo episodio de la batalla entre la geopolítica y la economía real.

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(elDiario.es)

Una crisis sin escasez física ni colas en las gasolineras

El análisis parte de una paradoja: no falta petróleo ni gas, pero la factura de la electricidad se dispara y la inflación vuelve a máximos del bienio 2023. A diferencia del colapso energético de 2021, aquella primera oleada estuvo originada por una ruptura abrupta del crudo circulante y agravada por las sanciones a Rusia. Ahora, en su segunda versión, no existe ni problema de oferta ni cuellos de botella en la demanda, dado el crecimiento de los centros de datos que alimentan la voracidad competitiva de la inteligencia artificial, incluso con reactores nucleares.

La clave está en la geopolítica. El barril vuelve a mandar por la ausencia de acuerdo en torno al estrecho de Ormuz, bajo el doble control iraní y estadounidense, y por el colapso de Bab el-Mandeb, que ha sellado el Mar Rojo hacia el Canal de Suez, obstruyendo dos de las arterias navales más utilizadas por petroleros y metaneros. A ello se suman el ataque al oleoducto saudí East-West, la escapatoria de Riad para eludir Ormuz, por parte de los rebeldes yemeníes, y las refinerías rusas inutilizadas por drones ucranianos.

El resultado es que la economía resiste gracias a los inventarios, a los cambios de proveedores y a las rutas alternativas, pero los expertos advierten de que la resiliencia no significa inmunidad. "Es como si la energía entrara en las economías familiares por las visitas a las gasolineras y terminara recorriendo todas las habitaciones del hogar", resume el análisis.

El diésel, el termómetro del nuevo shock: precios disparados y riesgo de desabastecimiento

Uno de los datos más reveladores es la escalada del diésel. El precio medio del litro en la UE ha superado los 2,226 euros y, en España, los 2 euros tras una escalada del 40% desde el inicio de la guerra en Irán. La gran obstrucción energética se descubre ahora en el refino, un eslabón que se ha convertido en el talón de Aquiles del sistema, debido a la carencia inversora en estas instalaciones y a la propensión a adquirir combustibles elaborados baratos del exterior.

La tensión ha llegado a tal punto que Chris Wright, el zar energético de la administración Trump, ha pedido a Alemania y Francia que liberen 120 millones de barriles de diésel de sus stocks durante seis meses, un tercio de sus existencias, en un intento de aumentar la oferta global y aliviar los precios. La propuesta ha sido rechazada por el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, que aduce que todavía hay un tercio de las reservas globales de emergencia para colocar en el mercado.

Mientras tanto, las próximas entregas de diésel se han encarecido un 120% respecto a febrero. Francesco Sassi, profesor en la Universidad de Oslo, advierte de que una interrupción del diésel americano a Europa "provocaría suministros más caros con costes adicionales a familias y empresas" y que la medida "obligaría a los gobiernos de la Unión a emplear más escudos sociales" sobre los carburantes. La gasolina, el queroseno y, sobre todo, el diésel mantienen un 50% menos de buques a flote por las dificultades para movilizar cargas de estos productos.

La inflación vuelve a desbocarse y el BCE mira a los tipos de interés

El impacto ya se nota en los precios. La inflación de la zona del euro ha escalado hasta el 3,8% en septiembre, seis décimas más que en agosto y la cota más alta en tres años. Los datos por países muestran un 3,3% en Alemania, un 3,4% en Francia, un 4,1% en Italia y un 4,9% en España, todos ellos lejos del 2% que marca el límite estatutario del BCE.

Este repunte vuelve a añadir presión a Fráncfort para que decrete al menos otra subida de tipos antes de que finalice 2026. El consenso del mercado también se decanta por uno o incluso dos movimientos alcistas de la Reserva Federal en el último tramo del año. En septiembre, el euríbor ha alcanzado el 3,25% en España, un nivel que encarece directamente las hipotecas y reduce el consumo de los hogares.

La autoridad monetaria se enfrenta a una coyuntura que simultáneamente sube precios y resta vigor al PIB. Si el shock energético fuera más intenso y persistente y se transmitiera con mayor fuerza a salarios y precios internos, la inflación de la eurozona podría llegar al 5,4% en 2027, mientras el dinamismo del PIB retrocedería al 0,4%. No es la previsión central del BCE, sino su escenario severo, pero el análisis subraya que no es descabellada sin un horizonte inflacionista despejado.

Pymes y hogares, en el punto de mira: el fantasma del encarecimiento del crédito

El temor a que el fantasma de la inflación reaparezca con fuerza y alargue la senda de tipos de interés altos hasta contraer las rentas familiares por el paulatino encarecimiento de las hipotecas ha retornado al subconsciente colectivo de los hogares y de las empresas, muy en especial de las pymes, que temen una fase de vacas flacas crediticias.

La Agencia Internacional de la Energía ha emitido una de las señales más reveladoras de este escenario: los inventarios mundiales de petróleo han disminuido en 507 millones de barriles desde febrero, a un ritmo medio de 2,8 millones diarios. Solo en agosto cayeron otros 95 millones, mientras la oferta mundial se redujo ese mes en 1,6 millones de barriles al día y en más de 10 millones si se compara con la capacidad plena de los productores del Golfo.

McKinsey Global Institute lo explica en términos comerciales: dos tercios de los flujos energéticos mundiales atraviesan estrechos marítimos estratégicos y el 95% de la población global vive en regiones que dependen de sus importaciones de carburantes. La economía ha resistido hasta ahora, pero la advertencia es clara: esta crisis es la primera que no necesita generar colas en las gasolineras porque puede manifestarse de forma más silenciosa, con un barril por encima de los 100 dólares que impulsa la inflación al alza, propulsa los tipos de interés, encarece las hipotecas, reduce el consumo y provoca rémoras de crecimiento y empleo.

La IA y su voracidad energética: un billón de dólares de deuda adicional

El análisis apunta a un factor nuevo que refuerza el poder de la vieja economía fósil: la inteligencia artificial. Su desenfreno por crear centros de datos, adquirir chips y asegurar capacidades eléctricas reivindica cantidades extraordinarias de capital y energía, precisamente cuando ambos se encarecen sin remedio.

Seema Shah, estratega jefe de Principal Asset Management, detecta nubarrones sobre los beneficios empresariales con tipos al alza si las billonarias inversiones en IA, en especial de las big tech, empiezan a generar dudas e insuflan volatilidad. Los llamados hiperescaladores (Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle) podrían emitir más de un billón de dólares de deuda adicional en los próximos años para financiar esa expansión. Greg Peters, codirector de PGIM, tilda de histórico el volumen de deuda que llega al mercado, no solo desde las tecnológicas sino también desde compañías que están readaptando sus emisiones para captar inversores.

En Estados Unidos, Rob Kaplan, vicepresidente de Goldman Sachs y expresidente de la Reserva Federal de Dallas, observa ya una economía americana a dos velocidades: mientras la inversión en IA y defensa avanza con enorme fuerza, sectores especialmente sensibles al precio del dinero, como la vivienda o el automóvil, acusan mucho más el endurecimiento financiero. "El shock energético amenaza con recetar más tratamiento de choque, que empieza a tener efectos secundarios sobre el consumo", advierte.