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El Brent supera los 100 dólares por el plan de Trump de vetar la exportación de gasóleo de EE UU

El petróleo Brent, de referencia en Europa, ha vuelto a cotizar por encima de los 100 dólares por barril este jueves después de que la Casa Blanca ultime un plan para prohibir las exportaciones de gasóleo durante 90 días, según adelantó 'Politico'. La medida, que el presidente Donald Trump podría anunciar a finales de esta misma semana, pretende reducir el coste de la energía antes de las elecciones de medio mandato de noviembre, pero ha provocado el rechazo de los productores estadounidenses y de algunos congresistas.

Fotografía que ilustra la noticia: El Brent supera los 100 dólares por el plan de Trump de vetar la exportación de gasóleo de EE UU
(elDiario.es)

La Casa Blanca ultima un veto de 90 días a las exportaciones de gasóleo

El Brent, la referencia para Europa, ha vuelto a superar este jueves los 100 dólares por barril tras conocerse que Estados Unidos está ultimando un plan para prohibir las exportaciones de gasóleo durante 90 días. Así lo avanzó el miércoles 'Politico', que señala que el objetivo de la Casa Blanca sería lanzar un paquete de medidas que reduzca el coste de la energía antes de las elecciones de medio mandato de noviembre, en las que las encuestas apuntan, por el momento, a una victoria contundente del Partido Demócrata.

El presidente Donald Trump se inclina por anunciar la medida a finales de esta misma semana. De salir adelante, sería la primera restricción a las exportaciones energéticas de EE UU desde que el expresidente Barack Obama levantase en 2015 una prohibición a la venta de crudo que llevaba décadas en vigor. El carácter excepcional de la iniciativa subraya la preocupación del Ejecutivo por el coste de la energía, aunque las divisiones que suscita atraviesan tanto al sector petrolero como al propio Gobierno.

Los productores advierten del encarecimiento futuro del combustible

Los productores estadounidenses de combustible se han opuesto a este veto advirtiendo de que cualquier beneficio a corto plazo se vería contrarrestado por el encarecimiento posterior de los combustibles, incluido el keroseno, según recoge Europa Press. Su argumento es que, al perder la demanda extranjera, los fabricantes ajustarían a la baja los volúmenes de producción, reduciendo la oferta futura y provocando una subida de precios a medio plazo.

Los expertos reconocen que la factura energética caería en algunas regiones del país gracias a que el fuel de exportación iría a parar, finalmente, a los consumidores nacionales. Sin embargo, ese alivio sería temporal y no compensaría el efecto de la reducción de la producción.

A tal coro de críticas se han sumado algunos congresistas republicanos y asesores de la Administración. Una de las fuentes consultadas por 'Politico' explica así el pulso interno: "Lo que ha acallado las voces más sensatas [en la Casa Blanca] es esa preocupación apocalíptica por los precios en las gasolineras del tipo 'todo se desmorona, tenemos que hacer algo'. Ese grupo ha sido arrasado por el bando político, que dice: 'Maldita sea, algo habrá que hacer'". La presión política por unos precios disparados se impone, por ahora, a las advertencias económicas.

El diésel estadounidense sube un 76% en un año

Los datos de la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA) sitúan el precio medio del diésel estadounidense este miércoles en los 6,52 dólares (5,73 euros) por cada galón de 3,79 litros. Eso supone un incremento de 91 centavos (0,80 euros) en solo una semana y un 76% más que hace un año. Esa escalada explica la urgencia de la Casa Blanca por intervenir en un mercado en el que no lo hacía desde 2015.

La decisión llega en un escenario marcado por la guerra en Irán, que ya ha tensionado los mercados energéticos mundiales y que ahora se combina con la posible restricción de las exportaciones estadounidenses. Para los consumidores europeos, un Brent por encima de los 100 dólares se traduce en un encarecimiento de la gasolina, el diésel y otros derivados del petróleo, lo que presiona la inflación y el poder adquisitivo de los hogares. La medida, aunque pensada para el mercado interno de EE UU, tiene un efecto global sobre los precios energéticos y sobre la factura que pagan los ciudadanos europeos.