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El BCE aplaza la subida de tipos pese a las presiones del ala dura: el crédito ya se acelera

El Banco Central Europeo (BCE) dejó los tipos de interés en el 2,25% en su reunión de julio, pero no por unanimidad. Las actas publicadas este viernes revelan que un grupo de miembros del Consejo de Gobierno, liderado por la halcón Isabel Schnabel, presionó para subir el precio del dinero ante la escalada de la inflación energética y la aceleración del crédito. Finalmente, la cautela se impuso y el organismo prefiere esperar a septiembre para reevaluar la situación. La decisión llega en un momento en que el BCE reconoce que la inteligencia artificial está actuando como un 'shock positivo de demanda global', aunque también podría reducir el poder de negociación de los trabajadores.

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(El Periódico)

El ala dura del BCE pide subir tipos ante la guerra de Irán

Las actas de la reunión del 23 de julio, publicadas este viernes, muestran que varios miembros del Consejo de Gobierno del BCE "no se habrían opuesto a elevar los tipos de interés en aquella reunión". Según el documento, estos consejeros consideraban que los tipos actuales, situados en el 2,25% tras la subida de mayo, "no estaban restringiendo la economía" y defendían llevarlos a un terreno "ligeramente restrictivo" para frenar el efecto de la guerra de Irán antes de que se materialice por completo en los precios.

El argumento central del ala dura, encabezada por la alemana Isabel Schnabel, es que la inflación no volverá al objetivo del 2% a medio plazo sin un mayor ajuste monetario. Schnabel ya lo había anticipado esta misma semana en declaraciones a Bloomberg, donde defendió que el BCE debe subir los tipos en su próxima reunión. La línea dura también señaló como evidencia la aceleración del crédito que los bancos están suministrando a empresas y hogares, un síntoma de que la política monetaria no está enfriando la economía.

Sin embargo, el Consejo acordó por mayoría mantener los tipos sin cambios por segunda vez consecutiva. La decisión se tomó "teniendo en cuenta el valor de opción que supone esperar a ver cómo evoluciona la situación durante el verano", según recogen las actas. El BCE insiste en que la pausa no significa el fin del ciclo de subidas, sino una reevaluación a la vuelta del verano.

La cautela se impone: la inflación es energética, no de demanda

Los partidarios de mantener los tipos intactos, que finalmente lograron imponer su visión, argumentaron que el incremento de la inflación se debió "casi enteramente a la evolución del suministro energético", sin que la demanda agregada ni la política fiscal contribuyeran. "Por tanto, se argumentó que una subida de los tipos de interés no abordaría la causa subyacente del aumento", sostienen las actas.

El BCE reconoce que las perspectivas para los precios de la energía, aunque muy volátiles, se sitúan en un nivel próximo al escenario de referencia de sus proyecciones. La institución considera que la situación económica es "frágil, aunque no aguda", con la economía cercana a las perspectivas de referencia de junio.

Aunque algunos miembros señalaron que "actuar antes podía, en ocasiones, resultar menos costoso y reducir el riesgo de quedarse rezagado", la línea de actuación más prudente consistía en "avanzar con cautela" y esperar a ver cómo evoluciona la situación durante el verano antes de considerar nuevas medidas de política monetaria. Esta postura refleja la creciente división en el seno de la institución con sede en Fráncfort, que trabaja con señales macroeconómicas cada vez más ambiguas y un contexto geopolítico complejo.

La IA, nueva variable: puede frenar la inflación a costa de los salarios

Las actas revelan que la inteligencia artificial se ha instalado como un nuevo tema de conversación en las reuniones del BCE. El organismo cree que gran parte de la resiliencia de la economía global, que ha hecho que el descalabro provocado por la guerra de Irán sea menor de lo esperado, se debe "al auge de la IA, que estaba actuando como shock positivo de demanda global e impulsando la inversión y el comercio".

Pero el BCE también advierte de un efecto menos favorable para los trabajadores. Las actas plantean que "el gasto en IA podría sustituir trabajo por capital, lo que podría reducir el poder de negociación de los trabajadores y, por tanto, limitar los efectos de segunda ronda". Es decir, si la IA reduce la capacidad de los trabajadores para exigir mayores salarios en respuesta a la inflación, disminuye el riesgo de que el encarecimiento inicial de la energía o de otros costes acabe trasladándose a salarios y después vuelva a alimentar los precios.

Esta reflexión introduce una nueva dimensión en la política monetaria del BCE: la tecnología como factor que puede contener la inflación, pero a costa de debilitar la posición de los trabajadores en la negociación salarial. Para la economía española, donde la negociación colectiva y los convenios salariales son clave, esta variable podría tener implicaciones significativas en los próximos meses.