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El empleo extranjero marca un récord de 3,5 millones de afiliados y sostiene un tercio de la hostelería y la construcción mejorada

La afiliación de trabajadores extranjeros marcó un máximo histórico en julio, con 3,5 millones de cotizantes, y explica en gran parte el récord general de 22,5 millones de afiliados a la Seguridad Social. La regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno y la afloración de empleo sumergido están detrás del tirón, según los datos del Ministerio de Seguridad Social. La estadística revela que uno de cada tres empleados de la hostelería ya es extranjero y que la construcción, el campo y el empleo del hogar concentran una sobrerrepresentación clave. Más allá de las cifras, el dato muestra un cambio estructural: el 86% de los asalariados extranjeros tiene contrato indefinido, un porcentaje que duplica la media del periodo anterior a la reforma laboral y que invita a revisar el relato sobre la temporalidad asociada a la inmigración.

Fotografía que ilustra la noticia: El empleo extranjero marca un récord de 3,5 millones de afiliados y sostiene un tercio de la hostelería y la construcción mejorada
(elDiario.es)

Un récord que sostiene el mercado laboral

España alcanzó el pasado mes de julio los 22,5 millones de afiliados a la Seguridad Social, un máximo histórico que no se entiende sin el empuje del empleo extranjero. Según los datos publicados por el Ministerio de Seguridad Social y recogidos por elDiario.es, la afiliación media de trabajadores foráneos se situó en 3.512.223 personas, 66.046 más que el mes anterior y 420.875 más que hace un año. El incremento interanual del 13,6% casi quintuplica el ritmo de crecimiento del conjunto del sistema, que avanza al 2,9%.

La contribución de este colectivo al mercado laboral español es cada vez más estructural. Los trabajadores extranjeros representan ya el 15,6% del total de afiliados, pero su peso se dispara en sectores concretos del Régimen General, donde se concentra la mayoría de los asalariados. El Ministerio de Elma Saiz destaca que estamos ante un proceso en el que aflora mucho empleo sumergido y en el que muchas personas se incorporan por primera vez a los canales formales de búsqueda de empleo, un contexto en el que también se inscribe el aumento inusual del paro registrado en julio, con 19.500 personas más.

Hostelería, campo y hogar: donde uno de cada tres es extranjero

El análisis por sectores muestra una sobrerrepresentación del empleo extranjero en actividades esenciales para la economía española. En la hostelería, uno de cada tres empleados es extranjero, con 540.000 afiliados de media en julio. Le siguen la agricultura, donde alcanzan el 28% de los ocupados; la construcción, con el 26,6%; las actividades administrativas, con el 19,5%; y el transporte, con el 18,4%.

Aún más llamativa es su presencia en los sistemas especiales de la Seguridad Social, los más precarizados y feminizados. Los trabajadores extranjeros representan el 46,7% de los afiliados al Sistema Especial del Hogar —en su inmensa mayoría mujeres— y el 39,2% del Sistema Especial Agrario. Estos porcentajes reflejan que el mercado laboral español depende de forma creciente de la fuerza de trabajo migrante para cubrir los empleos que sostienen los cuidados, la alimentación y el turismo, y plantean una pregunta incómoda sobre la redistribución de esos trabajos.

El fenómeno no se limita al trabajo asalariado. Los autónomos extranjeros también crecen, aunque con menos fuerza: 531.568 personas de alta en julio, un 9,2% más que hace un año. El Ministerio subraya la presencia creciente de emprendedores extranjeros en sectores altamente cualificados, como telecomunicaciones y programación informática, donde ya representan más del 33% de los ocupados por cuenta propia. También destacan en actividades de los hogares (27,4%), hostelería (25,6%), actividades administrativas (19,3%), construcción (18,6%) e inmobiliarias (18,4%).

En cuanto a la procedencia, Marruecos sigue siendo el país con más afiliados a la Seguridad Social española, con algo más de 415.000 cotizantes. Le siguen Colombia (347.467), Rumanía (342.555), Venezuela (247.209), Italia (223.589), China (136.395), Perú (133.002) y Ucrania (84.599). Colombia encabeza las peticiones de la actual regularización extraordinaria.

La estabilidad deja de ser una excepción: el 86% cuenta con contrato indefinido

Uno de los datos más reveladores del informe es el relativo a la estabilidad contractual. La gran mayoría de los asalariados extranjeros tienen contrato indefinido: más del 86% del total. La cifra contrasta con el periodo 2017-2021, previo a la reforma laboral impulsada por el Ministerio de Trabajo, cuando ese porcentaje era del 58,9%.

La Seguridad Social atribuye este cambio a la caída masiva del trabajo temporal tras la reforma laboral, un efecto que se ha dejado notar con especial intensidad en el colectivo extranjero. Si antes la contratación temporal era la puerta de entrada habitual para los inmigrantes, ahora la norma es la contratación estable, un dato que contradice el prejuicio que asocia inmigración y precariedad temporal. No obstante, la temporalidad es solo una de las dimensiones de la precariedad: los sectores donde se concentra el empleo extranjero —hostelería, hogar, agricultura y construcción— son también los de salarios más bajos y mayor rotación.

La regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno ha sido un catalizador de este proceso. A 30 de julio, 262.475 personas estaban afiliadas a la Seguridad Social como consecuencia directa del proceso extraordinario, la mayoría por cuenta ajena. La cifra tiene un efecto relevante en las estadísticas: el alza del paro registrado de julio, inusual para esa época del año, se explica en parte por la incorporación a los canales formales de búsqueda de empleo de personas que antes operaban en la economía sumergida. El proceso, en definitiva, no solo aflora empleo y cotizaciones, sino que interpela directamente al conjunto de la sociedad: los sectores que dependen de la mano de obra extranjera son exactamente los que sostienen los cuidados, la alimentación y el turismo, y la pregunta no es solo cuántos trabajadores llegan, sino en qué condiciones trabajan y qué lugar ocupan en la estructura productiva del país.