El giro energético hacia EE UU deja a España con un mercado de gas más caro y dependiente del flete transatlántico
El freno a la compra de gas ruso por parte de los grandes comercializadores españoles dibuja un escenario energético para 2027 en el que Estados Unidos se consolida como el socio dominante del mercado nacional. La reconversión del suministro, que sustituye el gasoducto por el barco, implica un cambio de dependencia que no sale gratis: el coste del flete y la volatilidad del gas natural licuado (GNL) marcarán la factura energética de los próximos ejercicios.

El cambio de proveedor: de Moscú a la costa del Golfo
Los movimientos registrados en las últimas semanas en el mercado mayorista indican que los comercializadores que operan en España han decidido frenar la firma de nuevos contratos de compra de gas ruso. Esa decisión, tomada en un contexto de sanciones y de presión política para reducir la dependencia de Moscú, tiene una consecuencia directa: el hueco que deja el gas que llegaba por gasoducto desde Argelia y por barco desde Rusia se cubre de forma creciente con GNL estadounidense.
Según los datos de aprovisionamiento que maneja el sector, EE UU se convertirá en el principal origen del gas que se consume en España en 2027, un papel que hasta ahora correspondía a Argelia y a Rusia. El país norteamericano es, además, el que más capacidad de exportación de GNL está poniendo en marcha, con nuevas plantas en el Golfo de México y en la costa Este que apuntan directamente al mercado europeo.
Más kilómetros de barco, más coste energético
El desplazamiento del suministro desde el gasoducto hacia el GNL no es neutro en términos de precio. Cada mol de gas que llega en barco desde la costa americana recorre miles de kilómetros más que el que entraba por el tubo desde el norte de África, y ese transporte se paga en forma de flete, un componente que hoy representa una parte sustancial del coste total del gas en España.
Los analistas del sector energético consultados en los últimos informes recuerdan que el precio del GNL en la Península Ibérica está cada vez más ligado al índice de referencia estadounidense Henry Hub y a los fletes de la ruta del Atlántico, y menos a los contratos de origen ruso o argelino que históricamente mantenían precios más estables y predecibles.
Esa nueva ecuación implica que los hogares y las empresas españolas estarán más expuestos a la volatilidad de los mercados internacionales de GNL: cuando suba el flete o cuando el gas estadounidense se encarezca por demanda asiática, el recibo lo notará directamente. El anuncio de que los grandes comercializadores han frenado la contratación de gas ruso, por tanto, no solo tiene una lectura geopolítica, sino también una consecuencia directa sobre la factura de la luz y el gas de los próximos años.
España, plataforma de entrada del GNL europeo
España posee la mayor capacidad de regasificación de la Unión Europea, con seis plantas operativas en la Península y una en Canarias. Esa infraestructura, construida en su día para diversificar el suministro y aprovechar el GNL como alternativa al gasoducto, convierte al país en la puerta de entrada natural del gas estadounidense hacia el resto del continente, especialmente hacia Francia y el centro de Europa, con los que la interconexión por los Pirineos limita los flujos físicos.
La consolidación de EE UU como principal suministrador refuerza la posición de España como plataforma logística, pero también la condiciona: las terminales de regasificación españolas operan al límite de su capacidad en los meses de mayor demanda, y el crecimiento de los flujos hacia el resto de Europa dependerá de las inversiones en interconexión, un debate que sigue abierto en Bruselas y en Madrid.
En paralelo, el sector espera que la nueva configuración del mercado traiga consigo un aumento de los contratos a largo plazo con productores estadounidenses, un modelo que ya se ha visto en otros países europeos como Alemania o Francia y que ofrece estabilidad de precios a cambio de una mayor dependencia estratégica. Para el tejido industrial español, intensivo en consumo de gas, la cuestión es si esa estabilidad se traduce en precios competitivos o si, por el contrario, el sobrecoste del flete y la prima sobre Henry Hub acabará penalizando la competitividad de las fábricas y, con ello, el empleo industrial.



