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El PIB sorprende al alza en el tercer trimestre y la productividad da un salto que los analistas no vieron venir

El pasado viernes 30 de octubre, el INE publicó el avance de la Contabilidad Nacional correspondiente al tercer trimestre de 2026. El dato pasó desapercibido, eclipsado por la tragedia ferroviaria y por un mal dato esperado del IPC ese mismo día. Pero la economía española creció un 0,6% trimestral, una décima más de lo que anticipaba el consenso de analistas, gracias a un inesperado aumento de la productividad. Los expertos ya prevén que el PIB del conjunto del año se acerque o supere el 2,6%.

Fotografía que ilustra la noticia: El PIB sorprende al alza en el tercer trimestre y la productividad da un salto que los analistas no vieron venir
(elDiario.es)

Una décima que no es tal: la realidad supera a las previsiones

La lectura del dato requiere contexto. El consenso de FUNCAS, un panel de 20 instituciones entre las que se encuentra el ICAE (Instituto Complutense de Análisis Económico), anticipaba en su último panel de previsiones de septiembre que la economía española crecería un 0,5% en el tercer trimestre, lo que implicaría una previsión para el conjunto del año del 2,5%. El dato adelantado por el INE fue del 0,6%, gracias a un inesperado aumento de la productividad.

Aparentemente, se trataba de una décima menos que el trimestre anterior, que fue un 0,7%, lo que fue inmediatamente interpretado en muchos medios como una desaceleración de la economía española. En realidad, si se toman dos decimales, la caída es de apenas dos centésimas: del 0,66% al 0,64%. "Cosas del redondeo", explica el análisis. En cualquier caso, una sorpresa positiva frente al 0,5% esperado.

No es la primera vez que la realidad supera con creces las expectativas de los expertos. Ese mismo panel apostaba hace un año y medio que el PIB de 2026 se quedaría en un exiguo 1,9%, por debajo del crecimiento promedio de la economía desde la entrada en el euro, que es del 2%. Hace un año se había revisado, pero solo una décima, hasta el 2%. Desde entonces ha habido sucesivas revisiones al alza y en septiembre el consenso se situaba en el 2,5%.

La productividad, la gran sorpresa del trimestre

La segunda buena noticia asociada al dato del viernes ha sido la evolución de la productividad. Si se descompone el crecimiento del PIB en la suma del crecimiento del empleo y de la productividad, se observa que en el tercer trimestre la productividad ha mejorado, tanto si se mide en términos de trabajador a tiempo completo como si se mide por hora trabajada.

Ha pasado de crecer un 0,29% anual a un 1,08% en el tercer trimestre, casi cuatro veces más, cuando se mide por trabajador. Y cuando se mide por horas, ha pasado de un crecimiento negativo a uno positivo. En ambos casos, el PIB ha crecido más de lo que lo ha hecho el empleo, tanto en número de trabajadores a tiempo completo como en número de horas trabajadas.

El crecimiento de la productividad es una de las asignaturas pendientes del modelo económico español, y que su crecimiento mejore es, sin duda, una buena noticia. Este dato cobra especial relevancia porque la Encuesta de Población Activa (EPA) de ese mismo trimestre, publicada unos días antes, había decepcionado tanto en el crecimiento del empleo como en el de las horas trabajadas: el empleo total aumentó el 0,3%, dos décimas menos de lo esperado.

Exportaciones fuertes, inversión estancada y salarios al alza

En lo que se refiere a la composición del crecimiento del PIB en sus diferentes componentes de la demanda, ha habido buenas y malas noticias. Lo mejor ha sido la evolución de las exportaciones de bienes y servicios, pese a que el entorno internacional y, en particular, el europeo, es bastante complicado. Con un crecimiento trimestral del 1,3%, incluso superior al del trimestre anterior, y un 3,6% anual, frente al 1,6% del segundo trimestre, han conseguido más que compensar el impacto negativo de la energía en el saldo exterior, que sigue teniendo una contribución positiva.

Por el lado negativo, destaca la pobre evolución de la inversión. La formación bruta de capital apenas creció un 0,1% trimestral y un 2,1% anual, cayendo más de dos puntos con respecto al dato anual del anterior trimestre. En tasas anuales, la inversión en construcción se desaceleró un punto, lo cual sorprende dada la fuerte demanda de vivienda existente, y también lo hizo la de maquinaria, bienes de equipo y sistemas de armamento, pese al impulso en el gasto en defensa.

El gasto en bienes de consumo de los hogares también sufrió una pequeña desaceleración, mientras que el de las Administraciones Públicas mantuvo su crecimiento, aunque sigue siendo inferior al del sector privado. Por el lado de la oferta, todas las ramas de actividad presentaron crecimientos trimestrales positivos, salvo la construcción.

Las rentas salariales ganan peso en el PIB

Finalmente, en lo que se refiere a las rentas, la participación de los salarios en el PIB volvió a aumentar, al crecer un 6,3% frente al crecimiento del 5,9% del PIB nominal. Un dato relevante para los trabajadores: la mejora de la productividad y el aumento de la participación salarial indican que la recuperación está llegando también a las rentas del trabajo.

Con este conocido 0,6% del tercer trimestre, será difícil que el PIB del conjunto del año crezca por debajo del 2,6%, salvo cataclismo en el cuarto trimestre, que ya está en marcha. De hecho, el último índice PMI para el sector manufacturero, el de octubre, no habla precisamente de una desaceleración, sino más bien lo contrario.

El dato del tercer trimestre probablemente obligará al panel de FUNCAS a volver a revisar su previsión para el conjunto del año en su cita del próximo enero. Una vez más, y será la tercera consecutiva, el pronóstico del gobierno ha sido superior al de los analistas privados y, algo que no es habitual en otros países, ha sido más acertado. Ello también obligará a revisar la previsión de consenso para 2027, que ahora mismo se sitúa en el 2,0%, y acercarla al entorno del 2,2% que prevé el gobierno. Para ello habrá que esperar al PIB del cuarto trimestre para comprobar si recoge el impacto de la nueva crisis energética en marcha.

Perspectivas: una cierta ralentización, no una fuerte desaceleración

En conclusión, un crecimiento del PIB mejor de lo esperado, con una buena composición y una favorable evolución de la productividad y de las rentas salariales. No se vislumbran señales de una fuerte desaceleración de la economía española, aunque sí una cierta ralentización, sobre todo en lo que se refiere al empleo.

Con los datos del crecimiento del PIB real tanto trimestral como anual, la desaceleración de la economía española iniciada en 2025 parece que se ha frenado en 2026, al menos en los tres primeros trimestres. En cualquier caso, el entorno internacional y, en particular, la evolución de los precios de la energía y sus impactos sobre la inflación y los tipos de interés, son factores de riesgo a vigilar, especialmente en un contexto en el que el BCE y la Reserva Federal de EEUU han mantenido sin cambios sus tipos de interés oficiales hasta diciembre.