economia

La crisis ferroviaria refuerza el Puente Aéreo y aplaza la reducción de vuelos cortos

La crisis ferroviaria abierta tras los accidentes de Adamuz y Urda no solo ha reducido frecuencias en la alta velocidad, sino que ha dado un nuevo impulso al Puente Aéreo y ha enterrado, al menos a corto plazo, el objetivo de recortar los vuelos de corto radio como medida contra el cambio climático, según informa eldiario.es.

Fotografía que ilustra la noticia: La crisis ferroviaria refuerza el Puente Aéreo y aplaza la reducción de vuelos cortos
(elDiario.es)

Menos trenes, más aviones: el efecto dominó sobre el corredor central

La interrupción de la circulación en la línea Madrid-Sevilla tras los accidentes de Adamuz (Córdoba) y Urda (Toledo) obligará a retomar el servicio con menos frecuencias de las habituales. A partir del año que viene, además, están previstas las obras de remodelación del corredor Madrid-Barcelona, aún sin definir si implicarán un corte total o una reducción parcial del servicio.

Esta situación ha disparado la demanda de vuelos entre Madrid y Barcelona. El Puente Aéreo, que con la liberalización ferroviaria había vivido sus horas más bajas, vuelve a ser la alternativa preferida por los viajeros. Según los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), en el segundo trimestre de este año la alta velocidad entre ambas ciudades perdió un 13% de viajeros, más de medio millón de personas, en comparación con el mismo periodo de 2024.

Aena, por su parte, no desglosa las cifras del Puente Aéreo, pero sí confirma el aumento del tráfico en los aeropuertos implicados: el Prat creció un 4,4% en los nueve primeros meses del año y Barajas un 4,7%.

El compromiso de reducir vuelos cortos queda en el aire

El objetivo de recortar los vuelos de corta distancia, que formó parte del acuerdo de Gobierno entre PSOE y Sumar y se incorporó a la Ley de Movilidad Sostenible aprobada en octubre de 2025, no se ha materializado en la legislatura que ahora concluye. La norma incluía una disposición adicional que instaba al Ministerio de Transportes a impulsar la reducción de vuelos domésticos en rutas con alternativa ferroviaria de menos de dos horas y media, salvo excepciones por conexiones internacionales.

La ley también contemplaba la elaboración de un estudio técnico en un plazo de seis meses, sometido a audiencia pública, para analizar la racionalización de estos vuelos y sus efectos en la conectividad regional, las subvenciones a residentes no peninsulares y la capacidad del sector para descarbonizarse. Ese estudio, según la información publicada, no ha llegado a ponerse en marcha.

En paralelo, el Ministerio de Consumo impulsó un anteproyecto de Ley de Consumo Sostenible que prohibía la publicidad de vuelos propulsados con carburantes fósiles en trayectos con alternativa limpia que no superara en más de dos horas y media la duración del servicio equivalente. Tampoco esta iniciativa ha salido adelante.

Un retroceso en la agenda climática con consecuencias sociales

La combinación de la crisis ferroviaria y las obras previstas en los principales corredores de alta velocidad aleja, al menos a corto y medio plazo, la posibilidad de cumplir la meta de reducción de vuelos cortos, un instrumento clave para alcanzar el recorte de emisiones contaminantes a mitad de siglo.

La información publicada por eldiario.es señala que el efecto dominó favorece al transporte aéreo, especialmente al Puente Aéreo, que con la entrada de Ouigo e Iryo en el corredor Madrid-Barcelona había visto reducida su actividad. Vueling cesó su Puente Aéreo a principios de 2025 y dejó la operativa en manos de Iberia y Air Europa, justo cuando la alta velocidad alcanzaba sus mejores datos: 14,6 millones de viajeros en 2024 y casi 4 millones en el segundo trimestre de 2025.

La situación actual revierte esa tendencia: la caída de viajeros en tren se traslada al avión, con el consiguiente aumento de emisiones por pasajero. Para los trabajadores y ciudadanos que dependen de estos corredores, la pérdida de frecuencias y el aumento de los tiempos de viaje suponen un empeoramiento de las condiciones de movilidad, mientras que el sector aéreo ve reforzada su posición frente a la alternativa ferroviaria.