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El Sindicato de Inquilinas deja la acampada de Sol y traslada la protesta a los barrios tras el fracaso de los decretos de vivienda

La carpa naranja del Sindicato de Inquilinas de Madrid fue la primera en levantarse en la Puerta del Sol y la que acaba de anunciar su retirada. La decisión, comunicada este viernes tras el fracaso de los dos decretos de vivienda en el Congreso, marca el fin de una semana histórica para el movimiento inquilino: más de 70.000 personas en las calles, 5.000 nuevas afiliaciones y un cambio de estrategia que busca llevar la lucha por la vivienda digna de vuelta a los barrios.

Fotografía que ilustra la noticia: El Sindicato de Inquilinas deja la acampada de Sol y traslada la protesta a los barrios tras el fracaso de los decretos de vivienda
(El País)

De la asamblea de bienvenida a la acampada de Sol

La retirada no es improvisada. El Sindicato de Inquilinas de Madrid, fundado en 2017, llevaba cuatro años preparando lo que sus activistas llaman un "manual de resistencia" a través de asambleas semanales y reuniones plenarias. El detonante de la movilización fue el desahucio de Maricarmen Abascal el 23 de septiembre, una mujer que había llegado a la asamblea de bienvenida del sindicato en 2022, en el Ateneo La Maliciosa del barrio de Arganzuela, con miedo a perder su casa.

Cuatro años después, su caso se convirtió en un símbolo. Maricarmen pudo volver a su vivienda gracias a la presión social, según explican los activistas a los nuevos afiliados. "Esta semana se han afiliado 5.000 personas en Madrid después de lo de Maricarmen", anuncian en las asambleas. El sindicato, que asegura no recibir subvenciones públicas para actuar con libertad, funciona con cuotas de 20 euros al mes y cuenta con cerca de 4.000 afiliadas en la ciudad.

La acampada de Sol, que se planteó en las asambleas del sindicato y cobró fuerza tras la manifestación del sábado 3 de octubre, fue el punto culminante de una semana que nadie esperaba. "Todavía no somos conscientes de lo que hemos conseguido", dijo Alicia del Río, portavoz del sindicato madrileño, antes de dirigirse a la multitud congregada frente al Congreso.

Una maquinaria de decisión colectiva puesta a prueba

En circunstancias normales, las decisiones estratégicas del sindicato se discuten cada dos meses en reuniones plenarias a las que están convocadas unas 160 personas y a las que suelen acudir entre 70 y 80. Una vez al año, esas líneas de trabajo se refrendan en una asamblea abierta a las afiliadas. Las decisiones no se someten a votación, sino que se busca el acuerdo: "Intentamos llegar a acuerdos y no hacerlo por votación", explican sus portavoces.

En Sol, la urgencia lo cambió todo. La militancia activa, formada por alrededor de un centenar de personas, se reunió cada noche para decidir quién hablaba, qué se contaba a la prensa y qué acciones se realizaban. De esas sesiones salió la estrategia que movilizó a 25.000 personas en la manifestación del sábado anterior, según la Delegación del Gobierno.

El sindicato trabaja con organizaciones de inquilinos de otros países europeos. "Así podemos enfrentarnos mejor a grandes fondos buitre como Blackstone", explican sus integrantes. La Confederación Estatal de Sindicatos de Inquilinos, creada en 2025, coordina la lucha de organizaciones presentes en siete ciudades españolas.

El debate sobre la retirada: ¿marcharse o expandirse?

La decisión de abandonar la acampada no fue unánime. Izquierda Revolucionaria y el Sindicato de Estudiantes, que acampan en la plaza desde el martes, defienden mantener y ampliar la protesta hasta lograr la huelga general que reclaman para octubre o la primera quincena de noviembre. En los carteles que reparten frente al Congreso se lee: "No tiene sentido abandonar la enorme posición de lucha que hemos conquistado ocupando Sol". Ambos colectivos plantean someter su propuesta a votación.

El debate recuerda al 15-M, que acordó levantar su campamento la noche del 7 de junio de 2011 después de más de tres semanas de protesta. "No nos vamos, nos expandimos", fue la consigna de aquella despedida. Más de 15 años después, vuelve el desacuerdo entre quienes creen que ha llegado el momento de marcharse y quienes defienden permanecer en la plaza.

El Sindicato de Inquilinas justifica su retirada con una lógica clara: "Queremos seguir llevando la lucha por una vivienda digna a los barrios, tenemos que seguir parando desahucios, no podemos seguir aquí todo el tiempo". La siguiente muestra, explican sus portavoces, llegó este sábado con la manifestación de Cibeles, que reunió a más de 70.000 personas según la Delegación del Gobierno.

El manual de resistencia: quedarse, pagar y mantener las llaves

Mientras continúa el debate sobre el futuro de la acampada, el sindicato mantiene su tradicional asamblea de bienvenida cada viernes en el Ateneo La Maliciosa, la misma reunión a la que llegó Maricarmen cuatro años atrás. Este viernes, Alberto Fernández, de 47 años, se acercó con timidez preguntando: "¿Aquí es la reunión del sindicato?". Dos voluntarios le explicaron el primer paso del manual de resistencia: "Nos quedamos, pero seguimos pagando".

Los activistas explican a los recién llegados cómo las luchas de Pepi, la vecina de Argumosa 11, y de Maricarmen han impulsado cambios legislativos desde el Gobierno. Cuando preguntan quién ha recibido un burofax de su casero, decenas de personas levantan la mano. Les aseguran que la ley está de su parte y las instrucciones son claras: "Mientras tengan las llaves, la casa es suya".

Para Alicia del Río, el fracaso de los dos decretos en el Congreso no es una derrota. "Hoy es un día de profunda esperanza", afirmó ante los medios. La portavoz sostiene que se abre "un nuevo ciclo político que viene desde abajo, desde el sindicalismo" y reivindica la huelga general como siguiente paso: "Se acabó el tiempo de los políticos. Pero eso no significa que se haya acabado el tiempo de la política. La política está en la calle y desde ahí es desde donde vamos a seguir".