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Europa, ante el reto de movilizar su ahorro para competir: la fragmentación financiera frena la inversión productiva

La Unión Europea acumula uno de los mayores volúmenes de ahorro del mundo, pero sigue sin transformarlo en inversión productiva dentro de sus fronteras. La fragmentación de los mercados financieros, la acumulación normativa y la falta de integración dificultan la financiación de pymes, el crédito hipotecario y la autonomía estratégica del bloque en un contexto de rivalidad entre potencias, guerra en sus fronteras y competencia tecnológica.

Fotografía que ilustra la noticia: Europa, ante el reto de movilizar su ahorro para competir: la fragmentación financiera frena la inversión productiva
(El Periódico)

El ahorro europeo no llega a la economía productiva

La UE cuenta con uno de los mayores volúmenes de ahorro del mundo, según un análisis publicado por El Periódico. Sin embargo, una parte significativa de ese capital continúa buscando oportunidades fuera de la Unión, mientras dentro se reclaman más recursos para financiar innovación, digitalización o seguridad.

La Unión de Ahorros e Inversiones, el proyecto comunitario para integrar los mercados de capitales, se plantea como una oportunidad relevante: Europa no necesita tanto generar más ahorro como utilizar mejor el que ya posee. La clave está en eliminar obstáculos, profundizar en la integración de los mercados financieros y simplificar las complejidades regulatorias que dificultan la movilización eficiente de recursos, sostiene el texto.

Fragmentación y regulación: los dos frenos a la competitividad

El primer gran problema es la fragmentación. A pesar de los avances de las últimas décadas, los mercados financieros europeos siguen operando con barreras regulatorias, supervisoras y operativas que limitan la libre circulación del capital. La consecuencia es que Europa funciona, en demasiados ámbitos, como una suma de mercados nacionales mientras sus principales competidores actúan con mayor profundidad y cohesión.

La segunda cuestión es la complejidad regulatoria. La intensa acumulación normativa de los últimos años ha reforzado la resiliencia del sistema financiero, y las entidades, especialmente las españolas, presentan hoy niveles de solvencia y liquidez muy superiores a los de hace dos décadas. Pero también ha incrementado la complejidad del marco y los costes de cumplimiento.

El análisis plantea si el marco regulatorio actual, diseñado en un contexto distinto, mantiene el equilibrio adecuado entre estabilidad y competitividad. El reto no es elegir entre estabilidad y competitividad: Europa necesita ambas, subraya.

Debates abiertos: pymes, crédito hipotecario y empleo

El texto incide en que esta reflexión cobra especial relevancia en debates actualmente abiertos. Conviene valorar con rigor el impacto que determinadas medidas pueden tener sobre la financiación de las pymes o sobre el crédito hipotecario, señala. Las reformas regulatorias deben juzgarse también por su capacidad para favorecer la inversión, el crecimiento y la creación de empleo.

La competitividad ha dejado de ser un asunto exclusivamente económico para convertirse en una cuestión estratégica. Europa necesita movilizar recursos sin precedentes para reforzar sus capacidades de defensa, acelerar la transición energética, impulsar la innovación y reducir dependencias estratégicas. La capacidad para financiar esas prioridades determinará el crecimiento económico europeo y su influencia geopolítica en las próximas décadas.

Del Imperio austrohúngaro a la UE: la lección de la inacción

El análisis traza un paralelismo con 'La marcha de Radetzky', de Joseph Roth, donde tres generaciones de la familia Trotta asisten a la lenta desaparición del Imperio austrohúngaro. La primera construyó un gran proyecto político; la segunda disfrutó de la estabilidad y la prosperidad; la tercera heredó instituciones sólidas pero descubrió tarde que el mundo para el que fueron diseñadas ya no existía.

Los proyectos políticos no suelen fracasar por falta de logros, sino por el exceso de confianza en ellos, advierte. La integración europea también puede entenderse a través de tres generaciones: los fundadores, los que consolidaron el Mercado Único y el euro, y la actual, obligada a desenvolverse en un entorno marcado por la rivalidad entre grandes potencias, la guerra en sus fronteras, la competencia tecnológica y una creciente incertidumbre estratégica.

La verdadera amenaza para Europa es creer que los éxitos del pasado bastan para afrontar el futuro, concluye. La adaptación, en el siglo XXI, tiene un nombre: competitividad.