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Keiko Fujimori cumple cien días en Perú con la seguridad como única bandera y la popularidad en caída

La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, ha utilizado su primer gran mensaje a la nación para defender su gestión en materia de seguridad, su prioridad absoluta, y para admitir que "falta mucho por hacer" frente a la delincuencia. Lo hace cuando las encuestas reflejan un desgaste acelerado de su popularidad y mientras la oposición parlamentaria limita sus márgenes de maniobra.

Fotografía que ilustra la noticia: Keiko Fujimori cumple cien días en Perú con la seguridad como única bandera y la popularidad en caída
(El País)

Un balance marcado por la inseguridad y el desgaste

En un mensaje emitido pasadas las diez de la noche del jueves, la mandataria conservadora hizo balance de sus primeros cien días al frente del Ejecutivo, periodo que ha estado dominado por el combate al crimen organizado. "En cien días no se resuelven los problemas acumulados en años. Sí alcanza para demostrar una manera de gobernar", afirmó, en un intento por gestionar las expectativas.

Los datos oficiales aportan un balance mixto. Entre el 28 de julio y el 3 de noviembre se registraron 556 homicidios, una cifra menor a la del mismo periodo de 2025, según el registro oficial de mortalidad. Sin embargo, la tendencia no es uniforme: los asesinatos bajaron en septiembre pero repuntaron en octubre, con 182 casos, el máximo del trimestre. La propia presidenta sostuvo que el promedio diario de crímenes ha pasado de 7,5 en 2025 a 6,5 desde su llegada al poder, aunque reconoció que "falta mucho por hacer".

La aprobación se desploma: del 57% al 40% en dos meses

La evolución de la inseguridad coincide con un deterioro de la imagen de Fujimori. Según Ipsos, su aprobación ha caído del 57% en agosto al 40% en octubre. Otro sondeo de Datum, publicado el fin de semana, eleva el descontento: solo un 10% de los peruanos considera bueno su gobierno.

Guillermo Loli, de Ipsos, atribuye este desplome a las altas expectativas que la mandataria generó durante la campaña, sin que por ahora se perciban mejoras tangibles. "La población en general, más allá de izquierdas y derechas, lo que quiere son soluciones, lo que quiere es calidad de vida", explica. Un diagnóstico que conecta directamente con la frustración de transportistas, comerciantes y pequeños empresarios, los colectivos más golpeados por la ola de extorsiones y asesinatos que Fujimori prometió atajar con mano dura.

Un Congreso que recorta y una oposición que se divide

La presidenta atribuyó parte de sus dificultades a la demora del Congreso bicameral en otorgarle facultades para gobernar por decreto, un trámite que tardó 41 días. En la Cámara de Diputados, donde la oposición tiene mayoría, esas facultades se redujeron de 66 a 20, aunque luego Fujimori recuperó siete en el Senado.

Las negociaciones revelaron las grietas del bloque opositor. José Chlimper, antiguo ministro de Alberto Fujimori y ahora asesor presidencial, conversó con Ricardo Belmont, líder del partido Obras. Al final, tres senadores de Obras y otros dos opositores votaron con el oficialismo, permitiendo al Gobierno legislar sobre seguridad y prevención de El Niño. La presidenta agradeció las facultades concedidas pero las consideró insuficientes: "No bastan para atender todos los problemas que encontramos. No bajaremos los brazos".

El giro a lo Bukele: de El Salvador a las requisas en prisiones

En busca de resultados rápidos, Fujimori ha abrazado abiertamente el modelo de mano dura del presidente salvadoreño Nayib Bukele. A finales de octubre viajó a El Salvador para visitar el Cecot, la megacárcel de máxima seguridad, y anunció la construcción de seis prisiones similares en Perú. La decisión fue criticada por acercarse a una política denunciada por violaciones a los derechos humanos.

Las semejanzas se hicieron evidentes en un operativo posterior: tras una reyerta con tres muertos en una cárcel del norte, Fujimori supervisó el traslado de diez presos a una prisión de máxima seguridad en el sur. Los reclusos fueron presentados ante la mandataria con la cabeza rapada, vestidos de blanco, sentados en el suelo y esposados. Bajo el lema "más penales, mayor orden y seguridad", ha ordenado requisas para decomisar celulares y ha desmantelado antenas clandestinas en los penales.

El giro comunicativo no es casual. Según fuentes consultadas, la presidenta perdió la paciencia con los escasos resultados y recurrió a Carlos Raffo, antiguo publicista de su padre y artífice del "Baile del Chino", para renovar su estrategia. Ahora sus vídeos de TikTok, antes dedicados al cuidado de la piel, muestran operativos con música épica y la consigna repetida: "El orden vuelve".

El analista Fernán Altuve advierte del riesgo de crear expectativas que no se puedan cumplir: "Es un gobierno que anuncia mucho y da cuenta de poco". El politólogo Carlos Meléndez señala otra diferencia con su padre: "Alberto Fujimori fue anti-establishment. Keiko es pro-establishment. Entonces, le va a costar".

El Niño, el otro frente: 18.000 millones de soles para la prevención

Más allá de la seguridad, Fujimori dedicó parte de su mensaje a preparar al país para el fenómeno de El Niño. La presidenta responsabilizó a sus antecesores por la falta de obras de prevención: "Cuando asumimos el Gobierno, el país no estaba preparado para El Niño". Hasta mediados de octubre había realizado 21 viajes al interior, tres de ellos a Piura, en la costa norte, donde admitió que un fenómeno extremo podría superar los trabajos realizados.

El Ejecutivo ha anunciado un paquete de 18.000 millones de soles (unos 5.300 millones de dólares) para afrontar los efectos de El Niño, culminar obras paralizadas, mantener colegios, hospitales y carreteras, y entregar bonos a familias vulnerables. Fujimori aseguró que Perú dispone de recursos para atender las emergencias sin comprometer su estabilidad económica. "El fenómeno de El Niño va a pasar y nos volveremos a levantar, pero tengan la certeza de que no nos volverá a sorprender con las mismas debilidades por la improvisación".

Las cifras económicas que el Gobierno presume

En el terreno económico, Fujimori quiso transmitir un mensaje de confianza. Afirmó que Perú está recuperando la credibilidad de los inversores y que los analistas consultados por el Banco Central proyectan por primera vez en más de cinco años un crecimiento del 4% para los próximos ejercicios. También destacó que la tasa de desempleo en Lima Metropolitana se situó en el 4,4%, el nivel más bajo en 25 años, según su versión.

El balance terminó con un reconocimiento implícito de las carencias: "Sé que hay familias que aún viven con miedo por la delincuencia", dijo, antes de lanzar una promesa directa: "Quiero decirles que no les fallaré, que tengo el mandato que ustedes me han dado y voy a honrarlo. Estos 100 días son solo el comienzo de un gobierno de cinco años". Un mensaje que intenta conjurar el fantasma de la frustración ciudadana, mientras su gobierno busca apoyo internacional adhiriéndose al Escudo de las Américas, la iniciativa de Donald Trump para coordinar acciones contra las bandas transnacionales, una decisión que también ha generado críticas por una posible subordinación a Washington.