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La burbuja de la IA muestra grietas: Alphabet sufre su mayor caída bursátil en 22 años y los bancos centrales alertan del riesgo de contagio global

La inteligencia artificial ha pasado de ser la gran promesa a concentrar los temores de los supervisores financieros. La corrección bursátil que sufrió Alphabet a finales de octubre -un desplome del 12,6% que borró casi medio billón de dólares de capitalización en un solo día- ha encendido las alarmas sobre la solidez de un modelo de crecimiento sostenido por una inversión descomunal que todavía no genera rendimientos acordes. Los principales bancos centrales, reunidos esta semana, coinciden en un diagnóstico preocupante: el sector se financia cada vez más con deuda, y una caída en cadena podría extenderse a toda la economía global.

Fotografía que ilustra la noticia: La burbuja de la IA muestra grietas: Alphabet sufre su mayor caída bursátil en 22 años y los bancos centrales alertan del riesgo de contagio global
(El País)

El fulgor inicial y la primera gran alerta

La trayectoria de la inteligencia artificial sigue el patrón clásico de las burbujas financieras, según recuerda el análisis publicado por El País. A la innovación tecnológica le sigue una ambición industrial desbordada, una inversión desmesurada en comparación con la lentitud de los rendimientos, accidentes sociales imprevistos, episodios de caídas empresariales y desplomes bursátiles, hasta que pincha un envoltorio semivacío compuesto sobre todo de deuda generada meteóricamente.

La primera gran alerta llegó el 12 de junio con la salida a Bolsa de Space X, el consorcio digital, espacial y de IA de Elon Musk, que valoraba la compañía en torno a un billón de dólares. El precio ofertado de la acción era de 135 dólares, y su volatilidad desde entonces ha sido de montaña rusa: subió a 160 dólares el 6 de julio, capotó a 108 el 5 de agosto, se disparó a 171 el 1 de octubre y se retranqueó a 125 este jueves. La enorme inversión contrastaba con su entraña especulativa, que incluía futurísimos rendimientos por colocar centros de datos en el espacio, una base permanente en la luna y la colonización de Marte.

El desplome de Alphabet y los números que lo explican

El segundo aviso llegó el 9 de septiembre, cuando el ingeniero Jacob Roxon dimitió de su cargo en Anthropic asegurando que los tecnoligarcas de la IA 'creen que podrá matarnos a todos a final de esta década'. Su patrón, Dario Amodei -considerado el más sensato-, propuso una parada en el ritmo de crecimiento y una regulación, al inicio interna al sector. Donald Trump se enfureció y acabó asumiendo parte de la idea: solo autorregulación.

Ahora acaba de llegar el tercer apretón, una notable corrección bursátil. La acción de Alphabet, el holding de Google, se desplomó el 30 de octubre un 12,6%, una pérdida de capitalización de casi medio billón de dólares y su mayor caída en Bolsa en 22 años. En el tercer trimestre invirtió 51.300 millones de dólares para la IA; pero consumió ese efectivo para mantener la apuesta, al registrar un flujo de caja negativo de 9.100 millones, frente a los 24.000 positivos del mismo período en 2025. También les sucede a otras, como Meta. Pero no a Microsoft.

El diagnóstico de los bancos centrales: deuda, opacidad e interconexión

Los banqueros centrales brindan visiones distintas. El español José Luis Escrivá quitó hierro al riesgo al asegurar en el World in Progress de Barcelona que el grueso de las inversiones se está realizando 'con capital y no con apalancamiento'. El francés Emmanuel Moulin matizó que 'aunque al principio se financiaron con acciones, cada vez se financian más con deuda'. Y el director gerente del Banco Internacional de Pagos, Pablo Hernández de Cos, abundó en Santander en que las grandes tecnológicas se apoyan 'crecientemente en la deuda, y aceleradamente en el crédito privado: mucha de esta financiación es también opaca e interconectada', o sea 'circular', pues 'fabricantes de chips e hiperescaladores toman participaciones en empresas de IA, que a su vez se comprometen a comprar chips y componentes'.

Esta interconexión eleva el peligro: la caída de una compañía encierra el riesgo de arrastrar a otras del sector, con posible propagación global. De Cos recordó en Mumbai ('Artificial Intelligence, growth and financial stability: challenges for central Banks', 10/9/26, BIS) que todas las burbujas anteriores -la manía de los canales de 1830, los ferrocarriles británicos, el bum de la electricidad de los años 20 o la crisis de las punto.com de 2000- 'se fraguaron en un exceso de capital que los retornos eventuales no podían justificar, y en cada uno de estos casos las correcciones registradas provocaron enormes implicaciones económicas'. Dado el tamaño del envite actual y el hecho de que los hogares poseen más riqueza en renta variable, la 'corrección podría ser más amplia' que en anteriores crisis, y 'propagarse globalmente', advierte De Cos.