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La CEOE recrudece el discurso contra las bajas con cifras de parte, sin tocar las causas reales

La patronal lleva meses repitiendo que el absentismo cuesta 33.000 millones y el líder de la oposición lo califica de 'cáncer que no podemos pagar'. Pero ni la cifra es oficial, ni la bajas son un fraude: son prescripciones médicas. Mientras el discurso empuja hacia un recorte de la prestación, los datos reales apuntan a un problema de envejecimiento, salud mental y listas de espera. El diálogo social, mientras tanto, sigue congelado.

Fotografía que ilustra la noticia: La CEOE recrudece el discurso contra las bajas con cifras de parte, sin tocar las causas reales
(elDiario.es)

La cifra que no es: el 'coste' del absentismo, bajo sospecha

El presidente de la CEOE y el líder del PP repiten una y otra vez que el absentismo laboral cuesta 33.000 millones de euros a la economía española. Lo dice la patronal y lo amplifica Alberto Núñez Feijóo, que ha llegado a calificarlo de 'cáncer que no podemos pagar' y propone, sin más diagnóstico, recortar la prestación de quienes están de baja. Pero esa cifra es un eslogan, no un dato: no sale de ninguna estadística oficial.

Según la información publicada por elDiario.es, la cifra procede de estimaciones de AMAT, la asociación de las propias mutuas patronales, y de consultoras con interés comercial en el asunto. El rango real oscila entre 30.000 y 59.000 millones dependiendo de quién haga el cálculo. No es una horquilla inocente: sirve para asustar, no para diagnosticar.

Además, el grueso de ese 'coste' no es un agujero: son prestaciones de la Seguridad Social, salario diferido que los trabajadores ya han pagado con sus cotizaciones. Tratar esas pagas como un regalo de la empresa esconde que son un derecho contributivo, no un favor del empresario.

La realidad que esconde el titular: envejecimiento, salud mental y una sanidad colapsada

El discurso de la motosierra ignora lo que hay debajo del titular. Las bajas han crecido, sí, pero la fotografía completa es más compleja. Según los datos de la Encuesta de Población Activa que elabora Eurostat, el porcentaje de ocupados ausentes por incapacidad temporal subió un 73% en España entre 2018 y 2024, frente al 16% de la UE-27. Eso es verdad, pero no es lo único que cuenta la estadística.

El mismo informe revela que el aumento no está repartido por igual: solo el 16,6% de los trabajadores acumuló más de una baja en 2023, y ese grupo concentró el 64,5% de las jornadas perdidas. No es un país fingiendo dolores de espalda; es una minoría con procesos crónicos quien carga con la mayor parte. Y tiene nombre clínico: dolores de espalda, cuello y articulaciones (32,6%) y salud mental (18,4%), ya primera causa de baja no traumática.

¿Por qué hay más bajas? Porque las plantillas han envejecido de golpe: los afiliados de 50 a 64 años crecieron un 36,3% entre 2019 y 2025. Y porque la sanidad pública está saturada: con 853.509 pacientes en lista de espera quirúrgica y 121 días de demora media, quien aguarda cinco meses un quirófano no ha elegido su incapacidad. Se la han impuesto los recortes sanitarios.

La comparación europea que la patronal evita

La CEOE compara el sistema español con el alemán, pero sin contarlo todo. En Alemania, Austria, Bélgica o Noruega, un trabajador enfermo cobra el 100% del salario desde el primer día por mandato legal. En España, el marco legal mínimo hace que se pierdan tres días completos de sueldo y se cobre solo el 60% del cuarto al vigésimo.

El experimento de recortar esa prestación ya se hizo. Alemania la redujo por ley en 1996, del 100% al 80%. La investigación académica documentó que, aunque redujo las bajas por dolencias no contagiosas, disparó el presentismo laboral entre quienes tenían enfermedades infecciosas, anulando el ahorro en ese terreno. La reforma se revirtió en 1999 y nadie ha vuelto a tocarla.

La comparación europea, que la patronal evita, termina de desmontar su premisa. Lo que propone la CEOE no es abordar un problema con rigor, sino recortar derechos. Y aquí está la clave de su mensaje: no pide menos absentismo, pide dejar de pagar los días 4 a 15 de la baja y trasladar la factura a la Seguridad Social.

Diálogo social estancado: la vía es la prevención, no la motosierra

La CEOE eligió el alarmismo en lugar del rigor porque prefiere controlar antes que prevenir. Es más barato fiscalizar la baja que invertir en que no llegue a producirse, y más barato esperar un recorte legislativo que sentarse a negociar lo que la patronal prefiere no contabilizar: los dos millones y medio de horas extraordinarias semanales que no se pagan, o los casi veinte millones de días perdidos por accidentes de trabajo.

El camino serio existe, pero lleva dos años sin recorrerse. La mesa de diálogo social sobre incapacidad temporal se abrió en diciembre de 2024 y sigue sin acuerdo. El Observatorio Estatal de la Incapacidad Temporal, anunciado en febrero para analizar causas en lugar de intercambiar consignas, no ha dado ningún paso más desde entonces. Y del acuerdo de 2023 para que las mutuas aliviaran las listas de espera, solo cinco comunidades autónomas han firmado el convenio.

Activar de verdad esas herramientas, reforzar la sanidad pública —porque cada día menos de espera es un día menos de baja— y asumir lo que ya han dictado los tribunales, con el Supremo anulando en 2025 y 2026 las cláusulas que penalizan al trabajador por enfermar, es el camino correcto. Las organizaciones que invierten en la salud de sus plantillas reducen las bajas prolongadas y ganan en productividad: el bienestar no es un gasto, es una inversión.

Un problema con tantas caras exige tratamiento con bisturí, no con motosierra: diálogo social con datos auditables y propuestas que curen. La CEOE, sin embargo, prefiere la comodidad de la motosierra que le ha prometido Feijóo. Con esta actitud, el diálogo social en esta materia se hace imposible.