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La curva de Laffer vuelve a campaña: la promesa de recortar impuestos que nunca se paga sola

La curva de Laffer ha vuelto a la campaña electoral española. El economista que inspiró las rebajas fiscales de Reagan y Trump participó en septiembre en el congreso de Vox, y Santiago Abascal ha vuelto a citarla como paradigma de su política fiscal. Pero la historia real de esa curva —empezando por la servilleta de papel perdida que se exhibe en un museo— está llena de promesas incumplidas y de rebajas que acabaron pagándose con más déficit o con subidas de impuestos posteriores. El patrón, como recuerda el economista Manuel Alejandro Hidalgo, se repite en cada ciclo: se promete bajar en campaña, se sube en el BOE y la factura llega después.

Fotografía que ilustra la noticia: La curva de Laffer vuelve a campaña: la promesa de recortar impuestos que nunca se paga sola
(Cinco Días)

La servilleta que se perdió y el mito que se quedó

Todo empezó hace 52 años en una cena en un restaurante de Washington. Arthur Laffer, entonces un joven economista, dibujó en una servilleta una curva que explicaba a los asesores del presidente Gerald Ford que bajar impuestos podía elevar los ingresos fiscales. La servilleta original, de papel, se perdió. Lo que hoy se exhibe en el Museo Smithsonian es una copia en tela, una reconstrucción posterior. Para Manuel Alejandro Hidalgo, profesor de Economía y autor del artículo, la metáfora es perfecta: "en este caso el dibujo se hizo primero y los datos se buscaron después".

El razonamiento de Laffer contiene una obviedad matemática: la recaudación es cero si los impuestos son cero y también es cero si son del 100%. Entre ambos extremos, necesariamente existe un punto máximo. Eso no es una teoría económica, sino un ejercicio deductivo de matemáticas básicas. Lo que no dice la curva es dónde está ese punto. Y la evidencia empírica acumulada en medio siglo sugiere que las economías reales no suelen estar en la zona donde bajar tipos aumenta la recaudación. La famosa encuesta del IGM Forum lo resume: solo un tercio de los economistas cree que una rebaja de impuestos aumentaría el PIB, pero prácticamente nadie cree que aumente la recaudación.

Lo que pasó cuando se aplicó de verdad

Los ejemplos históricos que cita Hidalgo son contundentes. Los asesores económicos de Reagan y Bush sabían que sus rebajas reducirían ingresos. Cuando Reagan bajó impuestos en 1981, tuvo que subirlos en 1982, 1983 y 1984 para recuperar, según su propio director de presupuesto, el 40% de lo perdido. En Kansas, donde Laffer asesoró al gobernador Sam Brownback, el experimento de rebajas radicales acabó revertido por los propios republicanos ante el agujero presupuestario. Y con Trump, la recaudación de sociedades quedó en 2018 un 40% por debajo de lo previsto tras su rebaja. Al año siguiente, Laffer recibió la medalla presidencial de la Libertad.

Un trabajo académico citado habitualmente por los defensores de estas políticas, el de Trabandt y Uhlig, muestra que en Europa cada punto de bajada del impuesto al trabajo se autofinancia solo al 54%. Hidalgo ilustra la cifra con crudeza: "una hipoteca que solo se paga al 54% no es un milagro financiero, sino un descubierto del 46%". Cuando Laffer fracasó en Kansas, alegó falta de tiempo. Para el economista español, eso certifica que su curva "comparte su estatuto epistemológico más con el horóscopo que con la teoría económica: si acierta, confirma la regla, pero si fracasa, es porque al paciente le faltó fe".

El patrón español: prometer en campaña, subir en el BOE

La política fiscal española ofrece un recorrido similar. Mariano Rajoy llegó a la Moncloa en 2011 prometiendo bajar impuestos y su primera medida, en diciembre de ese año, fue subir el IRPF con un recargo complementario. La rebaja de Montoro llegó en julio de 2015, cinco meses antes de las elecciones generales. El resultado fue un aumento del déficit en 2015 hasta el 5,16%, frente al 4,2% comprometido, lo que la Comisión Europea calificó de adelanto imprudente. El patrón descrito por Hidalgo se repite con precisión: "se promete bajar en campaña, luego se sube en el BOE, se hace la rebaja cinco meses antes de las urnas y Bruselas nos manda factura en primavera".

El autor del artículo desmonta también el argumento de Madrid como ejemplo de éxito. Es cierto que la comunidad recauda mucho con tipos bajos, pero Hidalgo señala una doble confusión. Primero, confundir niveles con efectos: que Madrid recaude mucho no dice nada de qué pasaría si subiera o bajara los tipos. Segundo, el efecto sede: en Madrid se concentran sedes empresariales, ministerios y rentas altas, y el IRPF se paga donde se reside. La tarifa autonómica explica poco de ese nivel de recaudación.

El espejismo de la inflación y el IRPF sin deflactar

Hay un último factor que alimenta el mito de las rebajas que se pagan solas: el contexto macroeconómico. En una economía que crece al 3% con una inflación elevada y unos tipos del IRPF que no se deflactan, la recaudación nominal bate récords con cualquier política. Esa subida de recaudación no viene de las rebajas, sino de no deflactar el IRPF, es decir, de subir impuestos de forma silenciosa. Hidalgo lo resume con otra metáfora: "presumir de recaudación en plena escalada de precios es como subirse a un taburete y celebrar que uno ha dado el estirón".

Medio siglo después de aquella cena de 1974, con la campaña electoral española en marcha y la curva de Laffer de nuevo en el centro del debate, la conclusión del economista es desoladora: "la cuenta la sigue pagando el camarero". Es decir, la factura de las rebajas fiscales que no se autofinancian acaba saliendo del bolsillo de los contribuyentes, del gasto público que se recorta o del déficit que se hereda. Así lo recoge la tribuna de Manuel Alejandro Hidalgo, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Pablo de Olavide, publicada en Cinco Días el 29 de octubre de 2026.