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La gestión de Houngbo en la OIT: deuda millonaria, despidos y acuerdos con Qatar marcan su candidatura a la reelección frente a Yolanda Díaz

La campaña para dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT) entra en su recta final con el actual director general, Gilbert F. Houngbo, como rival de la vicepresidenta española Yolanda Díaz. A pocos días del primer cara a cara entre los tres candidatos, la gestión de Houngbo al frente del organismo multilateral aparece cuestionada por una deuda millonaria al alza, un plan de recortes que incluye despidos y unos criticados acuerdos con Qatar, que han generado dudas sobre la independencia de la propia OIT.

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(elDiario.es)

Una deuda millonaria y despidos en la OIT

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) arrastra una crisis financiera que se ha agravado en los últimos meses, con una deuda total que alcanza los 390 millones de euros (unos 360 millones de francos suizos, según la fecha del 11 de septiembre). Esta situación, que fuentes internas atribuyen al recorte de contribuciones de Estados Unidos, principal financiador del organismo con un 22% de su presupuesto, ha llevado a su director general a impulsar una estrategia de reducción de costes.

En el Consejo de Administración de la OIT, celebrado el pasado 7 de septiembre, se aprobó una reducción de hasta 73 puestos de trabajo, un plan que priorizará las salidas voluntarias. Esta decisión se enmarca en el ajuste que la administración de Houngbo considera imprescindible para sanear las cuentas, tras meses de desfases entre los ingresos y los gastos comprometidos. Los sindicatos presentes en el organismo han denunciado que los despidos no solo afectan a la capacidad operativa, sino que llegan en un momento en que se esperaba un refuerzo para atender las demandas de los trabajadores más vulnerables.

La gestión financiera de Houngbo ha sido señalada por los críticos como un reflejo de su incapacidad para adaptar la organización a los nuevos tiempos, una visión que choca con la defensa que hace el propio Houngbo, quien insiste en que los recortes son necesarios para garantizar la sostenibilidad a largo plazo. En una entrevista con EFE, Houngbo reconoció que en el sistema multilateral “tenemos algo de grasa que podríamos recortar”, aunque matizó que “tenemos que ser responsables y asegurarnos de no recortar hasta el hueso”.

Los acuerdos con Qatar: críticas y dudas sobre la independencia

Uno de los capítulos más controvertidos de la gestión de Houngbo ha sido su relación con Qatar. El país del Golfo, anfitrión del Mundial de fútbol de 2022, ha sido acusado por organizaciones de derechos humanos de mantener condiciones laborales denigrantes para los trabajadores inmigrantes, con denuncias de explotación y semiesclavitud en el sector de la construcción y el empleo doméstico. En este contexto, las críticas se centran en los acuerdos firmados por la OIT con el país, que han sido percibidos como una suavización de la posición crítica del organismo.

En 2017, la OIT decidió archivar una denuncia contra Qatar por incumplir la legislación sobre trabajo forzoso, para firmar un “proyecto de cooperación técnica” de varios años. Este programa, que contó con un presupuesto de 25 millones de euros, fue financiado en su mayor parte por Qatar y, según denunciaron varios funcionarios de la OIT al The New York Times, fue el resultado de un lobby sostenido por parte del país para evitar críticas en vísperas del Mundial. Las mismas fuentes señalaron que Houngbo, que asumió el cargo en 2023, viajó a Qatar durante el torneo y destacó los “muchos progresos” de las políticas laborales, en una aparente contradicción con los informes de organizaciones como Human Rights Watch, que denunciaban la falta de mejoras reales sobre el terreno.

El sindicato y varios países miembros, entre ellos los europeos, han mostrado su malestar por estos acuerdos, que ven como un peligroso precedente para la credibilidad del organismo. La polémica ha alcanzado tal punto que la propia OIT tuvo que emitir un comunicado para defenderse de las acusaciones, un gesto que no calmó las aguas. En este escenario, la candidatura de Yolanda Díaz, que cuenta con el apoyo de varios países y de los sindicatos españoles, se presenta como una alternativa para cambiar el rumbo de la organización.

La crisis financiera por el impago de EE UU y la reacción de la OIT

La crisis financiera de la OIT se ha visto agravada por la negativa de Estados Unidos a contribuir al presupuesto del organismo, una decisión que se enmarca en la política de la administración de Donald Trump de retirar el apoyo a Naciones Unidas y sus agencias. La falta de ingresos ha llevado a la OIT a acumular una deuda que, según las últimas cifras, asciende a 360 millones de dólares (unos 390 millones de euros), una cantidad que sigue aumentando mes a mes.

Esta situación ha generado una tensión interna sin precedentes, con denuncias de los sindicatos por los despidos en la entidad y una creciente preocupación por la capacidad de la OIT para cumplir su mandato. Houngbo, sin embargo, se ha mostrado confiado en que los Estados miembros acudirán al rescate, y ha asegurado en una entrevista con la agencia EFE que “estoy convencido de que los Estados miembros, no solo EEUU, sino todos, una vez que vean el esfuerzo que estamos realizando, estarán dispuestos a estudiar cómo pueden ayudarnos con la financiación”.

Esta postura contrasta con la de su rival electoral, Yolanda Díaz, que ha criticado abiertamente la gestión de Houngbo en este ámbito. En el acto celebrado esta semana, Díaz señaló que “es verdad que la Administración norteamericana no contribuye ni en la OIT ni en el resto del sistema multilateral, pero la diferencia es que el resto se ha anticipado, ha tomado medidas y ha gobernado bien esta crisis. Esta es la diferencia”, en clara alusión a la falta de previsión de la actual dirección.

La crisis financiera también ha tenido un impacto en los programas de la OIT, con un recorte de personal que afecta a todas las áreas, desde la inspección de trabajo hasta la cooperación técnica. Los funcionarios denuncian que esta situación está obligando a priorizar las actividades que generan ingresos, en detrimento de la defensa de los derechos laborales, que es el corazón de la organización. En este contexto, la elección del próximo director general, que se decidirá en las próximas semanas, adquiere una importancia crucial para el futuro del trabajo decente a nivel global.