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La viudedad aumenta la riqueza pero beneficia sobre todo a los hombres, según Funcas

Un estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) concluye que la viudedad aumenta la riqueza total, pero lo hace de forma desigual: los hombres viudos mantienen o incrementan sus activos reales y financieros, mientras que las viudas registran ganancias menores o pérdidas. El informe, que analiza datos de la Encuesta Financiera de las Familias entre 2002 y 2020, apunta a la escritura de los bienes a nombre del varón, la menor alfabetización financiera y unas prestaciones de supervivencia insuficientes como causas de la brecha.

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(El Periódico)

El matrimonio oculta la desigualdad patrimonial

El informe ‘Desigualdad de género en el patrimonio tras la viudedad’, elaborado por Mayssum El-Attar Vilalta y Raquel Fonseca para el último número de ‘Papeles de Economía Española’, parte de una evidencia: "hombres y mujeres no construyen la riqueza del mismo modo". Las encuestas de hogares registran normalmente activos a nivel familiar, lo que impide ver la posición de cada miembro. La viudedad, subrayan los autores, convierte los recursos conjuntos en balances individuales, dejando al descubierto una estratificación que asalariada y pensionista había ocultado.

Durante el matrimonio, hombres y mujeres suelen especializarse en tareas distintas, siguen trayectorias de ingresos y derechos de pensión diferentes y difieren en la formación financiera y la preferencia por el riesgo. Cuando muere uno de los cónyuges, toda esa estructura se refleja en la cartera del que sobrevive: quién figura como propietario, cómo están diversificados los activos y cómo se toman las decisiones financieras. El fallecimiento funciona, así, como una prueba de estrés que revela qué posición ocupaba realmente cada uno en el proyecto patrimonial común.

Los viudos son el grupo más rico; las viudas, el más vulnerable

El estudio cubre 9.443 individuos, solteros y viudos, mayores de 50 años. La riqueza real media se sitúa en unos 613.000 euros, con una mediana que baja hasta los 196.000; la vivienda es el principal activo, con una media de de 199.000 euros. Los activos financieros promedian 353.000 euros, los empresariales, 120.000, y las pensiones, 3.000.

pero la comparación entre grupos dibuja una brecha profunda: los hombres viudos son el grupo más rico en conjunto, con activos reales medios superiores a 1,3 millones de euros, mientras que los varones solteros apenas llegan a los 540.000. Las mujeres viudas, en cambio, poseen como media activos reales valorados en 449.000 euros, claramente por debajo de los hombres. En activos financieros, los viudos atesoran de media 715.000 euros frente alos 283.000 de las viudas.

La brecha en activos empresariales y pensiones es especialmente acusada: las solteras y viudas muestran una menor titularidad y valoración de estos activos, un resultado coherente con un menor autoempleo, un menor acceso a planes de empresa y unas trayectorias de ingresos más bajas. Es decir, les toca cuando pierden al cónyuge no es simplemente un patrimonio inferior, sino una estructura desigualitosa en los instrumentos que normalmente generan ingresos.

Los perfiles socioeconómicos refuerzan el patrón: las viudas son de mayor edad, menos activas laboralmente y con menor nivel educación; además, reportan mayor aversión al riesgo, algo que se asocia a una menor exposición a activos arriesgados. Por el contrario, los viudos son algo más jóvenes y tienen mayor porcentaje de educación terciaria y cobertura de pensiones.

El año de la muerte: las mujeres pierden activos, los hombres ganan

El segundo bloque de resultados sigue la evolución de la riqueza antes y después del fallecimiento del cónyuge. Las mujeres ven caer su activos reales en el año mismo en que muere su marido, mientras que los hombres los mantienen estables. En la vivienda se observa el mismo patrón, lo que apunta , según los investigadores, a que las escrituras figuran con más frecuencia a nombre de él.

En los activos empresariales, la brecha es todavía más nítida: los hombres registran fuerte aumento durante el primer año de viudedad, mientras que la interacción femenina es negativa. Algo similar ocurre con los activos financieros, con incrementos moderados para los varones y caída más pronunciada entre las mujeres, atribuible a una menor alfabetización financiera o a menor familiaridad en la gestión de las inversiones. El mismo patrón se repite en las pensiones: positivo para los hombres y fuertemente negativo para las mujeres, lo que los autores interpretan como "prestaciones de supervivencia insuficientes para compensar" la pérdida de la pensión propia o la menor acceso de ellas a planes de pensiones.

El estudio concluye con una advertencia para política públicas: "las políticas solo centradas en ingresos difícilmente cerrarán estas brechas". En su lugar, apostan por reforzar la alfabetización financiera de las mujeres, avanzar en la copropiedad efectiva y transparente de los activos del hogar y mejorar la protección del superviviente en pensiones y herencias. Es un diagnóstico que deja en la mesa una tarea: revisar quién firma las escrituras, quién hereda, quién sabe inversión y a quién se protege cuando la pareja ya no estaba detrás de las decisiones económicas.