Beckert rastrea el origen del capitalismo en Adén y abre el debate sobre sus límites físicos
Un mercader del siglo XII en la actual Yemen maximizando su beneficio. Esa es, según el historiador Sven Beckert, la primera imagen documentada del capitalismo, una 'isla del capital' en una sociedad agraria y tributaria. Su monumental obra 'Capitalismo: una historia global', publicada ahora en español por Crítica, recorre más de mil años de expansión de esa lógica hasta convertir el mundo entero en mercancía. Pero el libro, aclamado por su síntesis, deja abierta la pregunta que más inquieta: si el capitalismo tuvo un inicio, ¿tendrá un final?

Un germen en Adén y un Estado cómplice
La tesis central de Beckert es que el capitalismo no nació en un único lugar ni en una fecha concreta, sino que se gestó en 'archipiélagos' de prácticas comerciales que fueron interconectándose y contaminando con su lógica a sociedades enteras. El caso más antiguo documentado se sitúa en Adén, en el actual Yemen, donde un grupo de mercaderes ya perseguía la maximización del beneficio en un contexto social dominado por normas y costumbres no capitalistas.
La expansión de esas 'islas del capital' no fue un proceso pacífico. El autor describe cómo los capitalistas superaron las resistencias de las élites tradicionales y de las gentes comunes mediante alianzas con el Estado, que casi siempre implicaban fuerza y guerra. El Estado aparece así como un actor central tanto en el origen como en el triunfo de la lógica del capital, una tesis que contradice la narrativa del mercado como esfera autorregulada.
La otra palanca del sistema son las 'fronteras de mercancías': cuando un recurso natural se agota, el capital se desplaza a otro territorio para seguir explotando nuevos recursos. Beckert documenta este proceso con casos históricos que van desde la explotación de bosques y suelos hasta la esclavización de poblaciones, y lo conecta con las actuales 'fronteras del capitalismo verde', término acuñado por Theo Riofrancos para describir la extracción desenfrenada de minerales críticos.
La gran ausencia: los límites biofísicos
El ensayista y exministro Alberto Garzón, autor del análisis, señala que la principal carencia de 'Capitalismo' es la cuestión de los límites. Frente al sentido común dominante que ve el crecimiento económico como indefinidamente sostenible, la economía ecológica ha defendido desde los años setenta que el capitalismo enfrenta límites biofísicos que no se pueden derogar, aunque sí actuar sobre ellos.
Garzón recuerda que los economistas clásicos como David Ricardo, Thomas Malthus y William Stanley Jevons consideraban obvia la imposibilidad del crecimiento infinito, una idea que quedó arrinconada en la teoría económica estándar. Desde esa perspectiva heterodoxa, el capitalismo industrial solo fue posible gracias a los combustibles fósiles, que permitieron romper los límites impuestos por la tierra, pero a costa de consumir un stock no renovable.
"La preocupación de los clásicos no quedó anulada sino suspendida", afirma Garzón, en la medida en que el salto productivo se sostenía en un recurso finito. El propio Beckert, aunque reconoce que el capitalismo podría no ser capaz de coexistir con un mundo natural finito, concede en el epílogo que la creatividad humana ha logrado desacoplar el crecimiento económico del consumo de fósiles. Una cesión que el análisis considera "demasiado precipitada", dado que el consumo absoluto de combustibles fósiles alcanzó un nuevo máximo histórico en 2025 y que seguimos dependiendo de ellos no solo para el transporte, sino para la mayoría de bienes y alimentos.
Un espejo para la España actual: capitalismo y desigualdad
Una de las aportaciones más valiosas del libro, según el autor del análisis, es la descripción de los conflictos sociales de las últimas décadas. Beckert contrasta la 'época dorada del capitalismo', caracterizada por altos niveles de crecimiento, con la debilidad estructural de las organizaciones obreras en el neoliberalismo. La densidad sindical está en retroceso, un fenómeno que no responde al voluntarismo sino a problemas estructurales, y que se agrava en un mercado laboral global donde millones de trabajadores compiten entre sí, generando una "carrera a la baja salarial".
El análisis conecta esta dinámica con la actual España: los trabajadores del Reino Unido o España ocupan los "peldaños superiores" de la escalera global de explotación, pero la competencia de economías como Marruecos o Tailandia alimenta ansiedades que derivan en políticas proteccionistas o antiinmigración. "Es una economía mundial en la que los trabajadores de Camboya o Kenia ocupan la última posición en la escalera global de explotación, los de Marruecos o Tailandia la penúltima y los de España o el Reino Unido los peldaños superiores".
Beckert también analiza las tensiones geopolíticas previas a las dos guerras mundiales y las compara con el presente: el retorno del proteccionismo, la militarización de Occidente y el repliegue industrial bajo el cobijo estatal. "El Estado está volviendo, pero no para ensanchar los derechos de la clase trabajadora, sino para dirigir la política industrial que busca 'asegurar' las cadenas de producción", concluye Garzón, que ve en el libro una herramienta urgente para reorganizar las resistencias al capitalismo.



