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China desbanca a Alemania como primer proveedor de bienes de España y el déficit bilateral se dispara un 11,8%

El gigante asiático se ha convertido por primera vez en el principal suministrador de la economía española, desbancando a Alemania, según los datos de comercio exterior del primer semestre de 2026. Detrás del hito se esconde una relación cada vez más desequilibrada: el déficit comercial bilateral ha crecido un 11,8% en un año y los expertos avisan de que la dependencia de productos estratégicos difíciles de sustituir convierte al país en vulnerable en sectores clave como la química, la farmacia o la automoción eléctrica.

Fotografía que ilustra la noticia: China desbanca a Alemania como primer proveedor de bienes de España y el déficit bilateral se dispara un 11,8%
(El Periódico)

Un 'sorpasso' de 583 millones que ya se veía venir

Entre enero y junio de 2026, España importó de China bienes por valor de 26.600 millones de euros, frente a los 26.017 millones adquiridos a Alemania, según recoge la información publicada por El Periódico. La diferencia es de casi 600 millones de euros, pero el simbolismo es enorme: Alemania ha representado durante décadas la integración industrial europea y, por primera vez, cede el liderazgo como origen de las compras exteriores españolas.

Para Judith Arnal, investigadora de Fedea, el sorpasso concreto puede tener algún componente coyuntural, pero la tendencia es «inequívocamente estructural». No se trata de un espejismo estadístico: desde 2019, las compras a China han aumentado un 72%, mientras que las exportaciones españolas apenas han avanzado un 17,2% en el mismo periodo.

La balanza comercial refleja esa asimetría. Solo en el primer semestre, el déficit con China alcanzó los 22.599 millones de euros, un 11,8% más que en el mismo periodo del año anterior. En 2025, el desequilibrio ya se había disparado hasta los 42.278 millones, con unas ventas españolas que crecieron un 6,8% frente a unas importaciones que lo hicieron al 11,2%.

La debilidad del consumo chino y la competitividad industrial, detrás del cambio

Los expertos consultados coinciden en que detrás de este cambio de tendencia no hay una única causa, sino una confluencia de factores que han reconfigurado el mapa comercial global. Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, apunta a que las empresas industriales chinas, especialmente las de bienes de equipo y tecnología, han invertido masivamente y se han vuelto mucho más competitivas.

A esa ventaja estructural se suma un factor coyuntural decisivo: la debilidad del consumo interno chino empuja a sus empresas a buscar mercados en el exterior. Con una capacidad productiva sobredimensionada y una demanda doméstica estancada, la industria china necesita colocar su producción en otros países, y España se ha convertido en uno de sus destinos preferentes.

CEOE añade otra cifra para dimensionar el fenómeno: China concentra cerca del 30% de la producción manufacturera mundial, frente a una participación del 13%-15% en el consumo. Ese desequilibrio entre lo que produce y lo que consume alimenta su presión exportadora y explica que su penetración en los mercados europeos no deje de crecer.

Químicos, farmacia y automoción: los puntos ciegos de la dependencia española

El problema, según los economistas, no es el déficit bilateral por sí mismo. Importar bienes intermedios o de equipo puede abaratar costes y elevar la productividad de las empresas españolas. La vulnerabilidad surge cuando el suministro se concentra en productos estratégicos difíciles de sustituir, y aquí es donde un análisis de CaixaBank Research pone cifras a un riesgo concreto.

Tras examinar más de 5.000 productos y filtrar aquellos con alta concentración de proveedores, elevada dependencia extracomunitaria, poca capacidad de sustitución dentro de la UE y carácter estratégico, el estudio identifica 46 productos especialmente vulnerables. China destaca «con gran diferencia» como el principal país de origen de esa vulnerabilidad comercial.

La exposición no se limita a placas solares, baterías o telecomunicaciones. CaixaBank detecta dependencias en productos químicos, metálicos, farmacéuticos, minerales y materias primas energéticas. Los datos son contundentes: China suministra el 100% de los fosfonatos orgánicos importados por España, más del 90% de productos como la cloropicrina y el piperonal y más del 80% de los gases fluorados, todos ellos insumos químicos utilizados en la industria. La mayoría ni siquiera están clasificados por la UE como materiales críticos, pero presentan concentraciones extremas.

Carme Poveda, directora de Análisis Económico de la Cambra de Comerç de Barcelona, sitúa las principales vulnerabilidades en electrónica, maquinaria, telecomunicaciones y automoción eléctrica. Torres añade el sector farmacéutico a la lista de riesgos.

De la falta de reciprocidad a la estrategia europea de reducción de riesgos

A la dependencia se añade la falta de reciprocidad. Torres sostiene que a España le cuesta aumentar sus ventas en China tanto por la debilidad del consumo como por barreras comerciales y un tipo de cambio infravalorado. CEOE, por su parte, reclama mejoras en seguridad jurídica, protección de la propiedad intelectual y contratación pública, mientras Poveda advierte de la asimetría en la apertura de ambos mercados.

La conclusión de los expertos es evitar dos extremos: ni desacoplarse de China ni profundizar dependencias que puedan convertirse en vulnerabilidades. España debe actuar dentro de la estrategia europea de reducción de riesgos, exigir mayor reciprocidad y diversificar proveedores, sin renunciar a las oportunidades del mercado chino ni a la llegada de inversión productiva.

Torres defiende diversificar proveedores sin cerrar el comercio con China y también plantea atraer inversión china allí donde pueda reforzar la capacidad productiva española, como en el automóvil. CaixaBank llega a una conclusión similar desde una óptica más amplia: las disrupciones geopolíticas refuerzan la necesidad de diversificar los mercados de aprovisionamiento y aumentar la capacidad productiva europea, especialmente en tecnología, salud, defensa y las transiciones verde y digital.

El debate ya no es si comerciar con China, sino cómo aprovechar su competitividad sin quedar atrapado por ella.