CoreWeave: la deuda de 35.000 millones y los bonos basura frenan su expansión
La empresa de centros de datos para inteligencia artificial CoreWeave, valorada en 35.000 millones de dólares, ve cómo su ambicioso plan de expansión choca con la realidad financiera. Sus acciones se han desplomado un 21% desde la semana pasada y la compañía arrastra una deuda de 35.000 millones de dólares, según publica CincoDías/Reuters Breakingviews.

El modelo de negocio de CoreWeave: deuda y contratos de gigantes tecnológicos
CoreWeave, dirigida por Michael Intrator, se ha convertido en un actor clave del 'boom' de la inteligencia artificial gracias a un modelo de negocio sencillo: alquila centros de datos, pide prestado para llenarlos con chips y solo empieza a generar ingresos cuando la infraestructura está en marcha. Esa estrategia, que quema caja de forma intensiva, ha acumulado una deuda de 35.000 millones de dólares.
La compañía presta servicio principalmente a un puñado de gigantes tecnológicos de primer orden. Según datos de Deutsche Bank citados en la información, estos clientes con grado de inversión representaban el 60% de su cartera de ingresos contratados tras el segundo trimestre.
Wall Street espera que CoreWeave siga consumiendo caja hasta 2030, según datos de Visible Alpha, y en los próximos tres años vencen más de 30.000 millones de dólares en deuda, apuntan los analistas de Bernstein.
Señales de alarma en los mercados de deuda
La inquietud por el modelo de CoreWeave se ha intensificado después de que sus bonos sin garantía con vencimiento en 2031 se desplomaran hasta ofrecer una rentabilidad del 15%, un nivel que suele indicar dificultades financieras.
Sin embargo, unos 30.000 millones de dólares del apalancamiento de CoreWeave corresponden a préstamos a plazo de disposición diferida (DDTL), alojados en vehículos de propósito especial y garantizados con contratos específicos de clientes. El coste de estos préstamos revela la creciente cautela de los prestamistas.
El DDTL 4, respaldado por un contrato con Meta, recibió la calificación de grado de inversión y se colocó a 225 puntos básicos sobre el tipo de referencia, alrededor de un 6% en total. En cambio, Fitch calificó los posteriores DDTL 5 y 5.5 como bonos basura, y se colocaron a 450 y 550 puntos básicos respectivamente.
Por qué los inversores desconfían: riesgo de contraparte y renovación de contratos
Los prestamistas de los bonos más recientes de CoreWeave están expuestos tanto al riesgo de contraparte como al de renovación de los contratos de alquiler, ya que no están ligados a clientes con grado de inversión y los contratos de la línea más reciente solo duran tres años, menos que su vencimiento a cinco años.
El riesgo de la dependencia de grandes clientes es que estos acaben construyendo sus propios centros de datos a menor coste y que los precios más lucrativos estén en otra parte. Dar entrada a clientes más pequeños puede permitir cobrar tarifas superiores a las que aceptan los gigantes cuando negocian contratos cuantiosos y de mayor duración.
El ejemplo de IREN, otro proveedor de nube para IA, ilustra esa tendencia: firmó en noviembre un acuerdo con Microsoft por unos 10 millones de dólares por megavatio y en menos de un año ya captaba otros clientes por más del doble de esa tarifa. El mes pasado, CoreWeave señaló que algunos clientes pagaban 40 millones de dólares, una cifra que refleja el potencial de ingresos, pero a costa de contratos más cortos y con clientes de menor solvencia.
Las aseguradoras, el resquicio que se estrecha
El cofundador de CoreWeave, Brannin McBee, declaró al Financial Times que la compañía quiere recurrir a los recursos casi inagotables de las aseguradoras, ávidas de rentabilidad, para financiar su expansión. Sin embargo, las aseguradoras son conservadoras: más del 90% de sus carteras de bonos tiene grado de inversión.
La operación que CoreWeave necesita para seguir creciendo implica superar ese listón solo con chips y un sueño, algo que hoy parece más difícil. Los bonos vinculados al Proyecto Beignet, un gigantesco centro de datos para Meta, también han retrocedido últimamente, pero ni de lejos tanto como los bonos sin garantía de CoreWeave. La proximidad a un cliente de primer nivel cobra cada vez más importancia en la evaluación de estos activos.



