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La exportación de gas de Argelia a España llega a máximos en la antesala de la crisis con Marruecos

Las importaciones de gas natural desde Argelia alcanzaron en julio su nivel más alto de la serie histórica, según los datos oficiales. El repunte se produce semanas antes de que el Gobierno español reconociera el plan de autonomía marroquí para el Sáhara, un giro que ha tensado la relación con el país norteafricano y que pone en alerta al sector energético.

Fotografía que ilustra la noticia: La exportación de gas de Argelia a España llega a máximos en la antesala de la crisis con Marruecos
(infolibre.es)

Un récord en plena tensión diplomática

Argelia se ha convertido en el primer proveedor de gas de España. Las cifras publicadas por Enagás, el gestor técnico del sistema, muestran que en julio las compras a ese país alcanzaron los 10.300 gigavatios hora, un máximo histórico. El volumen supera en un 14% al del mismo mes del año anterior y representa el 30% del total importado. Este aumento coincide con una escalada de la presión diplomática argelina tras el giro del Gobierno de Pedro Sánchez sobre el Sáhara y el acercamiento a Marruecos. La proximidad del corte de suministro a Marruecos a través del gaseoducto Magreb-Europa, que sigue sin activarse, añade incertidumbre a la ecuación energética. España ha diversificado sus fuentes, pero la dependencia de Argelia sigue siendo elevada: en lo que va de año, ese origen concentra el 27% de las llegadas de gas, cuatro puntos más que en el pasado ejercicio. La subida se produce, además, en un contexto de precios internacionales a la baja, lo que ha animado a los compradores a incrementar sus pedidos. La pregunta ahora es si esa apuesta por el gas argelino se sostendrá en los próximos meses o si la crisis política obligará a buscar alternativas más caras en el mercado spot o en barcos metaneros procedentes de otros destinos, como Estados Unidos o Rusia.

La mirada puesta en el gaseoducto de Medgaz

El gaseoducto submarino Medgaz, que conecta directamente Argelia con la costa andaluza, es la principal vía de entrada del gas argelino. Su capacidad actual es de 10.500 millones de metros cúbicos anuales, ampliable a 11.000, y las últimas obras de mejora están pendientes de certificación. El régimen de Abdelmayid Tebboune ha condicionado esa ampliación al mantenimiento de unas relaciones comerciales estables, un gesto que no ha pasado desapercibido en Madrid. La tensión se agudizó el pasado 20 de agosto, cuando Marruecos cerró el gaseoducto Magreb-Europa, que llevaba el gas argelino a través de su territorio, dejando sin suministro a Ceuta y Melilla. Desde entonces, ambas ciudades dependen de barcos metaneros y de las conexiones con la península, un suministro más caro y menos flexible. Argelia no ha respondido oficialmente al giro español de abril, cuando el presidente Sánchez envió una carta al rey Mohamed VI apoyando el plan de autonomía para el Sáhara. Pero las declaraciones de altos cargos argelinos sugieren que el expediente gasista forma parte de la estrategia de presión. El sector empresarial español observa con cautela los movimientos: varias compañías mantienen contratos de suministro a largo plazo con Sonatrach, la petrolera estatal argelina, y una interrupción brusca provocaría un aumento inmediato de los costes para la industria y los hogares. Por ahora, los contratos se cumplen y los metaneros siguen atracando en las regasificadoras de Barcelona, Bilbao y Mugardos.

Las consecuencias para el bolsillo de los consumidores

Este aumento de las compras argelinas se traduce en una reducción de los precios mayoristas, ya que el gas de ese país llega a través de conducciones con costes de transporte inferiores a los del gas licuado procedente de Estados Unidos o del norte de Europa. En julio, el precio medio del gas en el mercado ibérico fue de 28 euros por megavatio hora, un 31% menos que en el mismo mes del año pasado, según Mibgas, el mercado de referencia. Esa caída ha tenido un efecto inmediato en la factura eléctrica, que ha ido descendiendo durante tres meses consecutivos. Los analistas consultados por este medio apuntan que, si Argelia redujera los suministros o los condicionara a concesiones políticas, España tendría que recurrir a otros orígenes con costes de regasificación más altos, lo que se trasladaría al recibo de la luz y del gas en un momento en el que la inflación subyacente sigue instalada en el 3,4%. En paralelo, el almacenamiento de gas en España se sitúa al 86% de su capacidad, un nivel de cobertura superior al de la media europea, lo que otorga un margen de maniobra de al menos tres meses en caso de interrupción completa del suministro argelino. Pero ese colchón no evita el problema estructural: la península ibérica sigue dependiendo de un proveedor que ha demostrado, en la crisis de 2020, su disposición a usar la energía como herramienta de presión.

La diversificación hacia otros orígenes es real, pero lenta, y el último récord de compras argelinas demuestra que los lazos comerciales no se han roto, a pesar de la crisis política.