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La OIT avisa: las profesiones feminizadas tienen el doble de probabilidades de verse afectadas por la IA

La inteligencia artificial generativa puede ampliar la brecha salarial de género si no se gestiona la transición. La OIT ha presentado en Bilbao datos que muestran que las profesiones feminizadas tienen casi el doble de probabilidades de verse expuestas a esta tecnología, y su especialista principal en igualdad, Emanuela Pozzan, advierte de una doble amenaza: desplazamiento laboral y degradación de condiciones de trabajo.

Fotografía que ilustra la noticia: La OIT avisa: las profesiones feminizadas tienen el doble de probabilidades de verse afectadas por la IA
(elDiario.es)

Un 29% frente al 16%: el doble de exposición

Las últimas investigaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), presentadas en el V Congreso Internacional sobre Brecha Salarial celebrado recientemente en Bilbao, arrojan una cifra que marca el futuro del debate sobre igualdad: las profesiones en las que predominan las mujeres tienen casi el doble de probabilidades de verse expuestas a la IA generativa que aquellas en las que predominan los hombres, un 29% frente a un 16%.

La explicación, según Pozzan, especialista principal en igualdad de género y no discriminación de la OIT, es la sobrerrepresentación femenina en puestos de oficina, administrativos y de apoyo empresarial, donde las tareas rutinarias están más expuestas a la automatización. Al mismo tiempo, las mujeres siguen infrarrepresentadas en las profesiones relacionadas con la IA y las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), que concentran los puestos mejor remunerados.

Brecha salarial: avances lentos y de alcance limitado

La brecha salarial de género persiste a pesar de los avances. A nivel mundial, las mujeres con empleo asalariado siguen ganando de media alrededor de un 18% menos que los hombres, según las últimas estimaciones de la OIT. En la Unión Europea, la brecha salarial no ajustada se redujo del 13,7% en 2019 al 11,1% en 2024: es decir, los ingresos brutos medios por hora de las mujeres son un 11,1% inferiores a los de los hombres.

Pero, como advierte Pozzan, esa cifra no mide la discriminación directa en un mismo puesto de trabajo, sino la estructura del mercado laboral: los puestos que desempeñan unas y otros, los sectores, la jornada, el acceso a la responsabilidad y la progresión profesional. La brecha es el resultado acumulativo de desigualdades estructurales a lo largo de toda la vida, desde las expectativas de carrera que se inculcan a las niñas y los niños hasta la distribución de los cuidados, pasando por la segregación ocupacional y la propia valoración de los trabajos.

España, pionera en transparencia, pero con deberes pendientes

España aparece en el diagnóstico de la OIT como un caso de referencia. Pozzan destaca que el país ha sido pionero en la lucha contra la brecha salarial mediante la creación progresiva de un marco alrededor de la transparencia salarial, los planes de igualdad, los registros y auditorías salariales, y la clasificación y evaluación de puestos de trabajo neutras en cuanto al género. La norma aprobada en 2020 reforzó el principio de igualdad de remuneración y obliga a los empleadores a abordar la valoración de los puestos.

La especialista de la OIT atribuye la mejora española a un conjunto de medidas, no a una reforma aislada. Las políticas de salario mínimo y la reforma laboral han beneficiado de forma clara a las mujeres, ya que estas siguen siendo mayoría entre los trabajadores con salarios más bajos. A ello se suma que España cuenta con una herramienta nacional de evaluación de puestos de trabajo desarrollada a través del diálogo social.

Los cuidados: el sector que la IA no puede sustituir y que sigue mal pagado

La economía del cuidado (sanidad, educación, trabajo social) es el ejemplo más claro de infravaloración histórica de trabajos feminizados. La OIT llama la atención sobre el hecho de que las competencias y responsabilidades tradicionalmente asociadas a las mujeres pueden ser sistemáticamente menos visibles a la hora de fijar los salarios: el trabajo emocional, las habilidades interpersonales, la responsabilidad por el bienestar de las personas o la atención continua a los demás rara vez se retribuyen como merecen.

Esos trabajos son, precisamente, los que la automatización no podrá reemplazar. La IA puede automatizar algunos componentes administrativos o rutinarios, pero no elimina la relación humana, la responsabilidad y las habilidades sociales que constituyen la esencia de los cuidados. Pozzan lanza un aviso: en lugar de utilizar la tecnología para justificar los bajos salarios, debería servir para mejorar las condiciones laborales y reconocer el valor del trabajo humano que permanece.